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El Heredero Prohibido del Alpha CEO
img img El Heredero Prohibido del Alpha CEO img Capítulo 4 Cena para tres
4 Capítulo
Capítulo 6 El secreto de los Malhore img
Capítulo 7 La Cenicienta de sangre img
Capítulo 8 El heredero ha llegado img
Capítulo 9 Mentiras sobre mentiras img
Capítulo 10 No puedes huir de un Redd img
Capítulo 11 Reclamar lo que es mío img
Capítulo 12 El precio de llevar a un Redd img
Capítulo 13 El regreso del hermano prohibido img
Capítulo 14 Celos en el ático img
Capítulo 15 La traición de la madre img
Capítulo 16 Placer y castigo img
Capítulo 17 El sonido que lo cambió todo img
Capítulo 18 Veneno en la copa img
Capítulo 19 No me dejes, Jeane img
Capítulo 20 Tu cuerpo es mi único templo img
Capítulo 21 Propiedad exclusiva de los Redd img
Capítulo 22 Pecados sobre el altar img
Capítulo 23 La primera Sra.Redd img
Capítulo 24 Consuelo prohibido img
Capítulo 25 El regreso del pasado img
Capítulo 26 El secreto tras el código img
Capítulo 27 La voz en las sombras img
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Capítulo 4 Cena para tres

POV DE JEANE

El agua caliente no pudo quitarme la sensación de ser una propiedad etiquetada. Me vestí con un vestido de satén negro que encontré en el vestidor; era una pieza de lencería cara disfrazada de ropa de noche, ajustada como una segunda piel. Al mirarme al espejo, el collar de zafiros de la madre de Asher brillaba contra mi clavícula, recordándome que cada respiro que daba en esta casa tenía un precio.

Bajé las escaleras con la intención de evitar a Asher, pero el destino -o su sadismo- tenía otros planes. Desde el gran comedor, el eco de una voz femenina, afilada como una cuchilla de afeitar, cortaba el aire.

-Es una aberración, Asher. Los Malhore son basura financiera. ¿Realmente vas a dejar que esa sangre manchada entre en nuestro árbol genealógico?

Me detuve en el umbral. Sentada a la cabecera de la mesa, frente a un Asher que bebía whisky con una calma gélida, estaba una mujer que solo podía describir como una versión femenina y envejecida del diablo. Eleanor Redd. Vestía un traje sastre color perla y sus perlas eran tan grandes que parecían tumores de elegancia. Sus ojos, del mismo gris tormentoso que los de su hijo, se clavaron en mí en cuanto entré.

-Ah, la pequeña estafadora ha llegado -dijo Eleanor, dejando su copa de cristal con un golpe seco-. Acércate, niña. Quiero ver de cerca cuánto le costó a mi hijo comprar lo que queda de una estirpe de ladrones.

Asher no se movió. Ni siquiera me miró. Me obligué a caminar hacia la mesa, sintiendo que cada paso era una humillación.

-Mi apellido no está a la venta, señora Redd -dije, sentándome en la silla frente a ella, lo más lejos posible de Asher-. Estoy aquí por un contrato. Nada más.

Eleanor soltó una carcajada estridente que no llegó a sus ojos.

-Un contrato. Qué tierno. ¿Crees que eres especial por llevar ese pedazo de metal en el cuello? -Señaló el collar de zafiros-. Esa joya perteneció a mujeres que construyeron este imperio. Que tú, la hija de un hombre que se pegó un tiro porque no podía pagar sus deudas, lo uses... es un insulto a la memoria de mi familia. Hueles a desesperación y a pobreza, Jeane Malhore. Por mucho que te bañes en el oro de mi hijo, siempre serás la hija de un fracasado.

El nudo en mi garganta era tan grande que apenas podía respirar. Quise levantarme y gritarle que mi padre era diez veces mejor hombre que cualquiera en esta sala, pero las palabras se quedaron atrapadas. Miré a Asher, esperando ver una sonrisa de burla o indiferencia. Después de todo, él pensaba lo mismo, ¿verdad? Él había destruido a mi padre.

Pero Asher dejó su vaso. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza con la que apretaba el cristal.

-Suficiente, madre -dijo Asher. Su voz era un trueno bajo, cargado de una amenaza que hizo que hasta el aire en el comedor se enfriara.

-¿Suficiente? Solo estoy diciendo la verdad -bufó Eleanor-. Esta chica no es digna ni de limpiar el polvo de la mansión. Deberías haber elegido a Bianca. Al menos ella sabe de qué lado se usa el tenedor de pescado.

Asher se puso en pie. La silla chirrió contra el mármol, un sonido violento en medio del silencio. Se acercó a Eleanor, pero no para hablarle a ella. Caminó hacia mí.

Sentí un escalofrío cuando su mano grande y cálida se posó sobre mi hombro, apretándolo con una firmeza que me obligó a enderezarme.

-Te equivocas en algo, Eleanor -susurró Asher, y el uso del nombre de pila de su madre fue como una bofetada-. Jeane no está aquí para ser "digna" de tu aprobación. Está aquí porque es mi esposa. Y en esta casa, lo que es mío es sagrado.

Eleanor abrió la boca para replicar, pero Asher no le dio la oportunidad. Me tomó por la barbilla, obligándome a levantar el rostro hacia él. Sus ojos grises estaban encendidos, no de odio hacia mí, sino de una posesividad feroz que me cortó el aliento.

-Si vuelves a insultar su apellido, estarás insultando el mío -sentenció Asher-. Y si crees que ella es "sucia", deja que te muestre cuánto me gusta el fango.

Antes de que pudiera procesar sus palabras, Asher se inclinó y capturó mis labios en un beso que no tenía nada de romántico. Era un reclamo. Fue un beso dominante, cargado de una urgencia hambrienta que me hizo gemir contra su boca. Sus dedos se enterraron en mi cabello, tirando con la fuerza justa para que yo me abriera a él. Frente a su madre, frente al personal que servía la cena, Asher me besó como si estuviera devorándome, marcando su territorio con una ferocidad que me hizo temblar de arriba abajo.

Cuando finalmente me soltó, mi respiración era un desastre y mis labios ardían. Eleanor estaba pálida, con una expresión de puro asco y furia.

-Eres igual a tu padre, Asher -escupió ella, levantándose con brusquedad-. Te dejas llevar por los instintos más bajos. No te sorprendas cuando esta rata te muerda la mano.

Eleanor salió del comedor como una ráfaga de veneno. Me quedé allí, sentada, con el corazón golpeando mis costillas como un animal enjaulado. Asher se quedó de pie a mi lado, recuperando su compostura con una velocidad aterradora.

-No vuelvas a dejar que te hable así -dijo él, sin mirarme-. Eres una Redd ahora. Aprende a morder.

-No soy una Redd -susurré, limpiándome la boca con el dorso de la mano, aunque el sabor de su whisky y su piel seguía allí-. Y no necesitaba que me defendieras de esa forma. Ha sido humillante.

Asher se inclinó sobre mí, apoyando ambas manos en los brazos de mi silla, encerrándome.

-No te defendía a ti, Jeane. Defendía mi inversión. Come algo. Te ves pálida y necesito que tu cuerpo esté fuerte para lo que viene.

Se dio la vuelta y salió, dejándome sola con una cena que no podía probar. Mi cuerpo seguía vibrando por el beso, una reacción traicionera que me hacía odiarme a mí misma tanto como lo odiaba a él.

Subí a mi habitación una hora después, sintiéndome agotada emocionalmente. Todo lo que quería era meterme bajo las sábanas y fingir que este día no había ocurrido. Pero al entrar y encender la luz, algo me detuvo.

Sobre mi almohada blanca de seda, resaltaba un pequeño trozo de papel amarillento, doblado con cuidado.

Con dedos temblorosos, lo abrí. No era la letra elegante de Asher, ni la cursiva afilada de su madre. Eran letras recortadas de una revista, pegadas con una precisión obsesiva.

"No eres la primera que firma ese contrato, Jeane Malhore. Ni serás la primera en morir aquí. Pregúntale a Asher qué pasó con la mujer que dormía en esa cama antes que tú."

El papel cayó de mis manos como si quemara. Miré hacia la puerta secreta que conectaba con la habitación de Asher. Estaba cerrada, pero por primera vez, no sentí que el cerrojo me protegiera de él. Sentí que el cerrojo protegía al monstruo de que el mundo viera lo que hacía con las mujeres que caían en su red.

Un ruido sordo vino del otro lado de la puerta. El sonido de un cerrojo deslizándose.

Asher estaba abriendo la puerta.

El pánico me invadió mientras miraba la nota en el suelo y luego el pomo que empezaba a girar. Mi vida en la mansión Redd acababa de volverse mucho más oscura que una simple deuda de dinero. Estaba atrapada con un hombre que no solo compraba vidas, sino que, aparentemente, las consumía hasta que no quedaba nada.

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