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Enamorada de un CEO de otro mundo
img img Enamorada de un CEO de otro mundo img Capítulo 3 Una ceja
3 Capítulo
Capítulo 6 Su teléfono img
Capítulo 7 El país img
Capítulo 8 Las pesadillas img
Capítulo 9 El beso img
Capítulo 10 Su rostro sonrojado img
Capítulo 11 Una caminata img
Capítulo 12 Pesadillas img
Capítulo 13 Pequeña maleta img
Capítulo 14 Su sentir img
Capítulo 15 Lobos feroces img
Capítulo 16 Sus ojos img
Capítulo 17 Salvación img
Capítulo 18 Su hermana img
Capítulo 19 Indiferente img
Capítulo 20 EL gancho img
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Capítulo 3 Una ceja

Al día siguiente en la mansión Von Strudel no era una mañana normal. La familia había recibido una visita inesperada: se trataba de Elian Blackwood, el poderoso guerrero licántropo, líder de su manada. En su versión humana es un hombre musculoso, con una presencia imponente y una mirada intensa.

Tiene una barba bien recortada y cabello negro que suele llevar corto y desordenado. Sus rasgos faciales son fuertes y angulares, con cejas gruesas y una nariz recta y prominente. Tiene ojos oscuros y profundos que parecen escudriñar en el alma de las personas.

-¿Qué está haciendo Elian aquí, padre? -Valentín se llenó de ira cuando vio al licántropo sentado en uno de sus grandes sillones.

-Tranquilo, Valentín. Vengo en son de paz. A pesar de que tu familia siempre ha estado en guerra con la mía, hoy vengo a decirte que algo muy malo se aproxima.

-¿Cómo creer en ti, Elian? Si eres un completo traidor. Gracias a ti perdí a mi prometida.

-Bueno, eso son cosas del pasado. Solo puedo decirte que una manada enemiga viene directa a Charleston, sin importar quiénes la estén protegiendo. Es una manada grande; no les interesa si hay humanos o no, solamente vienen a reclamar su territorio y son bastante rudos.

-¿De dónde has sacado eso? -Valentín lo miró con recelo.

-Bueno, ya sabes: las mujeres lo saben todo. Si no, pregúntale a Lea, que ya lo ha visto en sus visiones.

-¿Es cierto eso, Lea? -Valentín le preguntó enojado.

-Valentín, es que no he estado segura de lo que he visto. Perdóname, hermano, pero muy seguramente Elian tiene razón.

-¡Increíble que me oculten estas cosas, Lea! Si sabes de algo, me mantienes informado. Tengo que irme y tú, Elian, te estaré vigilando.

Elian simplemente negó con la cabeza y, en un suspiro, ya había salido de la mansión. Valentín estaba completamente enojado, además de preocupado. No tenía la suficiente información para detener esa amenaza; sin embargo, se pondría en la tarea de averiguarlo. Debía detenerlos a como diera lugar, pues los humanos eran su prioridad.

Al llegar a la factoría, su humor estaba oscuro. Todos sabían las bondades del jefe, pero también cuándo estaba enojado; nadie quería cometer un error ese día.

Al subir al último piso de su edificio, se dispuso a revisar los informes finales de la factoría, los que había hecho el día anterior Sophie, pero él no tenía ni idea de que era ella quien los había elaborado. Al leerlos notó que había varios errores de ortografía y se llenó de indignación, pues una de sus cualidades era la perfección.

-Itzel, ¿quién carajos hizo este informe? Dígale que suba de inmediato a mi oficina -la voz de Valentín era cruda y certera.

-¿A su oficina, señor? -su secretaria le respondió con un tono de voz nervioso. Cuando él citaba a alguien a su oficina, por lo general terminaba despedido. Él le colgó la llamada sin permitirle decirle quién era la desafortunada esa mañana; sin embargo, Itzel le llamó.

-Robinson, hola, hablas con Itzel, la secretaria del señor Valentín.

-Hola, ¿en qué puedo servirte? -Sophie respondió sorprendida.

-El señor te quiere en su oficina. Te aconsejo que no te tardes; está demasiado enojado. Es acerca del informe que hiciste ayer.

-Entiendo, ya voy para allá.

Sophie colgó la llamada, se arregló la ropa y, con un frío que le congelaba hasta el alma, tomó el elevador hasta la oficina de su jefe. Esa mañana, casualmente, no sentía miedo de él, pues la noche anterior no la había visitado en sus sueños; eso le había permitido tener una noche placentera. Parecía que lo extraño de la situación se estaba acabando.

Al llegar a su oficina dio dos toques a la puerta. Era un lugar lúgubre, bastante elegante, pero muy oscuro; no había ni una sola ventana y el color púrpura era dominante.

«Hermoso lugar, misterioso y demasiado... tentador», pensó Sophie.

La puerta de la oficina de Valentín se abrió de repente y él estaba sentado con su silla en sentido contrario a la puerta. Ella entró despacio; su oficina era aún más lúgubre. En ese instante su piel se erizó.

-¿Señorita, no le han dicho que los informes que debe entregar en la factoría deben estar a la perfección?

-Señor, lo siento mucho. Le prometo que lo corregiré y se lo enviaré de nuevo.

Cuando Valentín escuchó su voz, se dio cuenta de inmediato de quién se trataba. No lo había podido saber antes porque, como esa mañana no tenía miedo, su olor era diferente.

Valentín se giró hacia ella. Estaba vestida con una ropa bastante sencilla; se notaba a leguas su clase social. La miró de arriba abajo y musitó:

-Pero ¿qué tenemos aquí? Para usted no es suficiente con llegar tarde, sino que también está haciendo a medias su trabajo.

Valentín estaba tan malhumorado que no midió las palabras con Sophie.

-Ya le dije, señor, que le ofrezco una disculpa y que trataré de enmendar mi error, si me lo permite.

-Eso es darle un trato especial. Usted será suspendida por una semana sin pago y, al regresar, si tiene dos memorandos más, será despedida. ¿Ha entendido? Ahora salga de mi oficina -Valentín le gritó cortante, haciendo que ella se quebrara instantáneamente.

-¡Pero señor, por favor! -Sophie le suplicó. Una semana de trabajo sin sueldo sería un desfalco muy grande para ella, pues los gastos con su madre y los propios eran pagados a justa medida con su sueldo.

-¿Qué no quedó claro, señorita Robinson? -Valentín se levantó de su asiento y miró sobre el hombro a Sophie.

-Pues que, si usted me hace eso, no voy a comer por el resto del mes. Señor, se lo suplico, permítame enmendar mi error.

Sophie comenzó a llorar sin consuelo. Valentín no podía creer lo que estaba viendo; jamás ninguno de sus empleados había pedido clemencia. Pero ella se estaba atreviendo a apelar a su bondad, y él la tenía, aunque eso sería romper las reglas.

-Sophie, no llores, por favor -el olor de sus lágrimas y su tristeza le estaban volviendo loco, y su instinto vampiro estaba comenzando a arder. Moría por lanzarse encima de ella y succionar su cuello, morderla, no sin antes hacerla su mujer.

-Le suplico nuevamente que me deje resarcir mi error -los lamentos de Sophie eran más profundos. Valentín se acercó lentamente a ella; deseoso quería tomarla en sus brazos, pero se contuvo. No era ni la persona ni el lugar apropiados.

-Váyase, por favor -le dijo mientras se alejó de nuevo rápidamente hacia su silla.

-¿Eso qué quiere decir, señor?

-Solo váyase. Después le diré su castigo.

Sophie salió secándose las lágrimas. Su jefe era un hombre demasiado extraño, pero había sido bondadoso con ella, al menos eso creía. Jamás se imaginó que simplemente la hizo salir para no morderle el cuello.

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