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EL demonio dorado
img img EL demonio dorado img Capítulo 4 Prohibido Besar.
4 Capítulo
Capítulo 6 Olvidemos todo. img
Capítulo 7 El demonio dorado. img
Capítulo 8 ¿Cuál es tu naturaleza, sol . img
Capítulo 9 Graclis . img
Capítulo 10 ¿Lo harás . img
Capítulo 11 Te iras conmigo. img
Capítulo 12 Fogata. img
Capítulo 13 El Sello. img
Capítulo 14 Tu, me importas. img
Capítulo 15 Yo decido. img
Capítulo 16 Temor al infierno. img
Capítulo 17 Protegida. img
Capítulo 18 El infierno de oscuro. img
Capítulo 19 Noticia errada. img
Capítulo 20 La están buscando. img
Capítulo 21 El tormento de Ines. img
Capítulo 22 Hasta la última gota img
Capítulo 23 Tú me complementas. img
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Capítulo 4 Prohibido Besar.

Se quedó sin fuerzas, el no parecía tener intenciones de parar. Hizo un camino de besos desde su pubis hasta llegar a su voluminosos pechos, tenía un sostén delicado. Lo destrozó, no le pareció bien por un lado, sus prendas eran limitadas.

Esa molestia se le pasó, cuando tomo su pezón, a su León le gustaba chuparlo, había que verlo como lamía, cada uno.

-Mamas muy rico, mi León.

-Me gustan tus pechos, ¡uhh!. -Le paso la lengua varias veces, mientras habrías sus piernas. Con la clara intención de penetrarla.

-¡Espera!, tu mamá puede salirte a buscar, si te encuentra aquí, sabrá que solo finges.-El sonrió, se derritió, esos ojos la tenían hechizada. Más su tono de voz que le resultaba tan seductor.

-Si eres mía, nadie podrá tocarte, lo eres después que me hiciste tuyo.-Fue lo único que dijo. Con algo de hermetismo.

Chupo de nuevo su pecho izquierdo, con más ferocidad, duro mucho jugueteando con él.

-Me parece que no te amantaron mucho de pequeño mí León. -Este solo sonrió de forma traviesa, se elevó un poco, ella sintió su grueso miembro, a la vez el rodó su lengua por la delicadas líneas de su cuello. Delicioso. Ladeo su rostro como una invitación a que siguiera esa labor placentera.

Leóncio se detuvo, le giro el rostro.

Sus miradas se conectaron. Esos ojos, la hipnotizaban, casi no repara, como este abría sus piernas y a la vez las levantaba.

-Bésame mí León.-Fue casi una súplica.

-No me gusta, tus labios son un tormento, pero no puedo hacerlo. -Hizo silencio, luego prosiguió.- Si algun dia te beso por voluntad propia, puedes jurar por Dios, que Leóncio Badin está enamorado. -Este la abrió más, su miembro se veía más grueso y palpitante. Poso su frondosa cabeza sobre su abertura. -Por ahora solo deseo que me mires mientras te follo y te hago venir, deseo que me regales todos tus fluidos y tus gritos de placer. S-o-l.

Pronuncio su nombre en cámara lenta. Al contrario de su miembro que entro en su abertura de forma brusca.

-¡Ahh, demonios!. -Clavo sus uñas en el trasero de su León. Si el deseaba sexo se lo daria, pero esperaba igual, que el no se enamorara, también se podría perder.

-¡Mirame!.-Le exigió este, estaba embelesada, observando como su tronco duro entraba muy despacio por su coño. Cuando se acopló, el empezó los movimientos pélvicos. Entraba y salía. Se sentía muy deliciosa la fricción interna, lo sentía tocar sus paredes con su ritmo. -¡Mirame monjita!.-Aumento el ritmo de sus embestidas cuando sus miradas se entrelazaron. Le daba un contoneo muy sensual a sus movimientos.

-¡Ay!, ¡ay papi León!.-El interior de su boca se tornó seca, por los constantes jadeos, el placer la estaba enloqueciendo, deseaba un beso de su León, ya algo prohibido para ella. Se conformo con verlo, tocar sus glúteos duros que se apretaban cuando su miembro se hundía en su coño. Pronto comprendió por los temblores en el cuerpo del hombre que su orgasmo estaba próximo, recordo unas palabras comunes en sus películas porno.-¡Ay Papi León!, dámela, quiero toda mi leche.

La miro con encanto.

-¿¡Quieres mi leche, monjita!?.-La follo con más fuerza, bajo y chupo uno de sus pezones. -¡Pidemela nena!.

No aguantaba más, ya se había corrido, sus piernas estaban muy débiles.

-¡Dámela papiiiii!, sshhh...¡ay, por favor, León!.-Se sacudió varias veces dentro de ella, luego se descargó. Todo su abundante fluido lo derramó dentro de ella.

Apenas pudo pararse con sus piernas temblorosas, corrió al baño. Intento lavarse, sacar todos esos residuos peligrosos de ella. Tenía un cuerpo mortal, fácilmente pudiera engendrar. Un peligro, desconocía la naturaleza de Leóncio.

Trago en seco, al salir, lo encontró parado en la puerta del baño. No la miro, entro y seguido cerró la puerta. Un ser extraño.

Tendió nuevamente la cama, estaba vuelta un nido de tela. Se acostó. Esperaba que cuando saliera del baño se largara de la habitación, con la misma agilidad con la que había entrado.

No fue así, se acostó al lado de ella, incluso ese día se veía más repuesto, la atrajo hacia el, para que pusiera su rostro sobre su pecho.

-Esto es más íntimo que un beso en los labios, señor Leóncio.-Fue algo seca en sus palabras.

-Te prohíbo llamarme así, para ti soy papi León o mí León. -Ella levantó el rostro para verlo a los ojos.-Al menos en la intimidad.

-Es muy raro, no lo digo solo por esto. Me gustaría saber porqué finge estar inválido.

-No lo fingía, hasta ayer, lo estuve.

-No le creo, es algo malvado, tener mujeres esclavizadas a su servicio y usted puede hacer todo.-Este le dió una nalgada cuando terminó de expresarse.

-Haz silencio, todos tenemos secretos, incluso tu. -Se levantó, el tenía razón, ella no era exactamente lo que todos pensaban.-Todo es un disfraz, Sol Grace. En el momento justo ambos sabremos la verdad.

Se giró para darle la espalda, luego se puso boca abajo. Le convenía evitar una conversación mas profunda. Ella no le creía, sospechaba que el tampoco a ella.

Este no tardo en sobar su trasero.

-Creo que debes tomar unas clases especiales. Así cumples todas tus fantasias.-Le susurro al oído.

Lo siguiente en hacer fue guiarla para que retozara con su enorme falo.

-Es muy grande, solo le dare besitos. No creo que me quepa en la boca.-Trago en seco, mientras lo acariciaba despacio.

-Haz el intento, chupalo como si de eso dependiera tu salvación.-Se vieron a los ojos con malicia.

-A mí me gusta el infierno, mi León.

-Y a mi me encanta, nena.

Sonrió de forma juguetona, antes de bajar a darle placer, tocó la superficie más sensible en su punta rosa. Luego dejo que el juego y la intuición sexual fluyan. Su León la guió a profundizar. Subir y bajar. Le gustó el sabor, fue más abajo y lamió su pequeñas bolas, con suavidad, entre lineas, rayas divisorias, círculos.

-¡Ah!, ricooo. -Se retiro un poco cuando recibió su halago.-Levantate nena.

Ante el y su juego sexual parecía domada. Moldeada a su placer, más bien el deseo de ser azotada la debilitaba. Leóncio era el único hombre que olía bien para ella, el olor de su testosterona, traspasaba cada fibra de su carne. Fue alucinante chuparlo. Hubiera durado horas pegada a su miembro, hasta sentir su semen correr por su garganta.

El la puso en cuatro en el borde de la cama, empino su culo, luego atravesó su coño, su miembro llegó más lejos.

-¡Ay!.-Grito, con más fuerza de lo prudente.

El tapo su boca y empezó a moverse, la follaba con fuerzas, su coño temblaba y se contraía en su interior, a la vez quería observar su hombría.

Sentía tanto, la fricción, ese gusto picante en la abertura que se adentraba en sus paredes. Su León los frotaba, con su dureza deliciosa. Mordió la mano de este, cuando sintió la primera sacudida orgásmica, este la nalgueo viarias veces, esas dos fuerzas chocantes solo provocaron que se corriera otra vez.

Cuando su León saco su miembro, pensó que todo había acabado. Estaba equivocada, para su satisfacción, aún faltaba más placer. Le dió la vuelta. Boca arriba. En una esquina de la cama, abrió sus piernas. Entro un dedo en su coño, lo sobo con maestría. Se retorció con deleite ante el roce depravado.

Ella misma entro en abandono, tocó sus pechos e intento lamer un pezón.

-No hagas eso, déjame a mí, nena. Luego de sacar el dedo de su coño, lo lamió.-Eres deliciosa, más que un carnero.

Lamió sus pechos, a la vez volvió a entrar en su interior, con más fuerza. Duro, se alegro de recibir su calor y la cercanía de su piel, para observar su penetración. Lo fuerte que la azotaba. Volvió a sentir su cuerpo, el sudor leve y afrodisíaco cuando rego su semilla nuevamente en su interior.

Faltaban solo 40, minutos para que terminara su hora de descanso, la tanda sexual había seguido, ya le ardían. Pero ese hombre la tenía como su platillo favorito servido en la mesa, pareciera que tenía años sin tener sexo y en ella estaba liberandose. Hacía unos cinco minutos había dejado lamer sus pechos como un bebé hambriento, con una ansiedad enfermiza. Ahora la tenía de espalda con la pierna elevada.

Entraba y salía de su coño, despacito, suavecito. Entraba y salía, con más fricción pausada. Sentía su respiración agitada al ventilar su cuello.

-Nena rica, mí carnerita. -Le dió un puntazo fuerte que la hizo abrir los ojos. Debido al poder que uso

-¡Ay, mí León!. Me arde.- Este, siguió, solo la elevó un poco más para aumentar el ritmo. Sobó su clítoris, luego rozó sus pezones.

-Aguanta, fuiste tu que me desataste.- La choco con más fuerza.

-¡Ay, ay!-A pesar de la mezcla de ardor y placer, le gustaba sentirlo dentro.-Igual me gusta, dejo la ñoñeria y se permitió gozar.

-¡Ay, shhh!. -Le gustaban sus gemidos.

Los cuerpos tenían un lenguaje propio, se fueron girando al unísono, el quedó encima de ella. Entrando y saliendo, permanecieron tanto tiempo en esa dinámica, que ya sus sudores se habían mezclado. Miro hacia abajo, su miembro entraba y salía suavecito.

-Podria morir dentro de tu coño, y sentiría que es el paraíso.-Le gusto esa confesión. Se sentía tan de el.

Toc, toc. Llamaron a la puerta. Empujó al señor, para que saliera de ella.

-Bajate, puede ser su madre. Si nos descubre lo perdere todo.-Susurro despacio, lo veía con súplica. -Por favor.

-Hablale desde aquí, la puerta está cerrada, no pienso terminar ahora. -Giro el rostro con resignación en dirección a la puerta. La podía escuchar, era una habitación pequeña.

Toc, toc

-¡Me estoy vistiendo!. -Grito. Esperaba que está la escuchara y se marchara hasta zafarse de Leóncio.

-La señora Ines te manda a decir, que puedes alargar tu hora de descanso hasta las 5.

-Gracias.-Le contestó. Sintió algo de alivio.

León sonrió.

-Podemos disfrutar más de nuestros cuerpos. -Se dejó vencer, el dreno su coño, hasta el último fluido, cuando se sacudió en su interior, el caliente líquido baño sus entrañas. Supo que tendría un breve descanso.

-Me encanto.-Le dijo Leóncio sin retirarse de ella. Al salir, como ya le había advertido no la beso, le dió un ligero beso en su cuello, luego un chupón en su seno izquierdo y se alejo.

Esto la dejó vacía y aunque destrozara sus entrañas, prefería mil veces la unión, ser uno de esa forma tan cálida, sublime e íntima.

Lo vió colocarse sus prendas con mucha agilidad. No podía fiarse de el. Sabía fingir muy bien.

Cuando esté se acercó a la puerta, no aguanto las ganas, corrió hacia el y lo beso en los labios, después retrocedió. El se mantuvo inerte, sin darle respuesta, tan siquiera con un gesto de esperanza. Solo abrió la puerta y se marchó.

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