Ella entendía porqué estaba ahí. A diferencia de su hermana gemela Luna. Cargaban juntas un aparente karma contradictorio, Esta corrió con más suerte, nació como una bruja blanca, su pelo platinado era lo único que las diferenciaba, el mismo color del de su madre. Ella en cambio heredó el cabello oscuro, como el diablo de su padre.
Miro la pequeña marca en su muñeca, era un pequeño sello para ocultar su linaje. Su madre se lo habia hecho antes de esfumarse. Siempre se lo recordó hasta el día que desapareció, eso siempre la protegería, si descubrían su verdadera identidad, que nació diabla, la llevarían al infierno, ese lugar donde se quemaría constantemente. Al final era una ley que debía vivir en el hogar de su padre si heredaba su condición sobrenatural, a menos que fuera reclamada por su pareja de almas. Aún no conocían su amor destinado, dudaba que pudiera estar entre humanos, lobos o vampiros.
Su madre le hizo la marca al nacer, fue una bruja blanca, que fue poseída por un diablo de la quinta dimensión, cuando descubrió su vínculo se dejó consumir por la lujuria. Al saber su identidad y lo que acarreaba, huyó, ellas nacieron alejadas de el, aún no conocían su rostro, tampoco le daba curiosidad.
Ese símbolo ocultaba esa verdad, para las personas normales solo era una humana, para los seres de otras dimensiones la olfateaba como bruja.
Comenzó a cepillar su cabello con paciencia. Estaba muy enredado gracias a los estrujones fuertes que la sometió su León. Aún no entendía porqué se sentía tan conectada a el, tal vez su misterio. Se mordió los labios.
Cuando domó un poco su cabellera, tapo con un poco de base la marca en su muñeca.
El destino había jugado su papel, el poner una diabla de segunda en un convento, era un doble resguardo. Pensó mientras se subía el cierre del vestido floral. Uno modesto, estilo vintage, con falda plisada, que le llegaba , hasta debajo de las rodillas, muy por debajo.
Sabía de moda y eso no le favorecía. El cuello alto, le pronunciaba más los pechos voluptuosos. Las mangas bombachas la hacian parecer una payasa. Una muy gris, reflexionó.
Se colocó sus zapatos modestos. Estaba lista, no podía hacer más nada por ella. Ya había ordenado la habitación, así que decidió bajar, fue muy cuidadosa al descender por las escaleras.
Estando en el primer nivel, el silencio no se lograba corromper por ningún sonido interesante, miro a los lados, incluso al comedor y no vió a nadie, siquiera parte del servicio.
Decidió seguir caminando hasta llegar a la cocina, todos parecían robots, grandes cantidades de alimentos permanecían, sobre la encimera, entre ellos, frutas y vegetales.
-Hola.-Saludo con timidez, a todos en general.
-Hola niña, bueno que bajas.-Doña consuelo fue la única en responder a su saludo. Los demás hicieron silencio.-Hoy te quedarás en la cocina, al parecer recibirán una visita muy importante en la mansión, no es necesario que acompañes al señor.
-Que extraño, no han mandado a preparar ninguna recámara.-Expreso la chica, que a ella le resultaba desagradable, desde que intercambiaron palabras en el mañana.
-Haz silencio Carlota.-Doña consuelo parecía detestarla también.
-Puede decirme en qué puedo ayudarla, no me gusta estar sin hacer nada. En el convento por lo regular nos ocupan.-Esta le tocó la mano.
-Puedes pasear al perro del señor Leóncio.-Todos comenzaron a reír, luego de las ridículas palabras de Carlota.
-¡No seas necia Carlota, ese perro solo quiere a Leóncio!. Es un diablillo.
-Esta bien, le daré un paseo, soy buena para domar perros. También para noquear las perras, cuando se me antoja hacerlo.-Paseo sus ojos con desprecio por la figura de la venenosa chica.
-No es obligatorio, niña, puedes sentarte en el jardín hasta la cena.-Consuelo parecía preocupada.
-No se preocupe, solo dígame dónde está e iré a buscarlo y le daré su paseo.
-Esta en la parte de atrás.-Le señaló el pasillo. -La llaves de la jaula están colgadas de la pared.
-Ok. Nos vemos en un rato.
Salió con la frente en alto, no le causaba vergüenza pasear a un perro, menos si era de su León. Cruzo el pasillo que daba al amplio patio. Una vez en el exterior, el can se delató cuando empezó a ladrar.
Se fue acercando, no sabía mucho de razas, pero este se veía feroz. Mientras se iba acortando la distancia se fue calmando.
Se bajó para ver al pequeño prisionero.
-Te voy a sacar un rato a pasear. Espero que me obedescas.-Lo miró a los ojos. De una, supo que se llevarían bien.
Tomó las llaves y la correa. Abrió la jaula. Este se mantuvo quieto hasta que le coloco la correa.
-Me sorprendes, diablillo, eres más obediente que tú amo.- El perro le brinco con alegría, como si ya la conociera y tuvieran un vínculo especial.
Si no lo tenían, se crearía en un futuro, lo paseo por más de media hora, incluso en la cercanías de la entrada al bosque. No se atrevió a llevarlo hasta allá, retrocedió y regreso a la mansión. En su avance, le pasó por el lado un hermoso auto convertible, le robó un poco el aliento, había visto ese modelo en las redes sociales. Se detuvo para verlo. Con más detenimiento desde cierta distancia.
La pasajera salió, una elegante dama, eso alcanzo a ver, a juzgar por su hermoso atuendo. La puerta principal de la casa, no tardaron en abrirla desde el Inter, salió el señor Leóncio con un bastón y la señora Ines.
El perro quiso protagonismo y la jaló, debió hacer un enorme esfuerzo por contenerlo para que no siguiera avanzado. La señora Inés y la chica se asustaron.
-Disculpa, al parecer se emociono al ver a su amo. Ya lo llevo a su jaula.
-¿Quién te ordenó sacar a pasear al perro?.-Su León le hablo con brusquedad y algo de desconcierto.
-Fue doña Consuelo, no había quien lo sacará a pasear.
-De hecho esa bestia tiene años sin salir de la jaula. -León hizo una pausa suave.-Me alegra que lo hagas. Ya pronto lo podré hacer yo.
-¿Quién es la chica, suegra?.-La dama hablo, mientras la observaba con desdén.
-Es la encargada de cuidar a Leóncio.
-Era, a mí esposo, me encargo de cuidarlo yo de ahora en adelante.-Se acercó a el y le dió un beso, el no correspondió, su ojos la veían a ella.- ¿Verdad mi amor?.
-¡Mejor entra!. -Este giro y regreso al interior de la casa, fingiendo cogerá.
-Sol Grace, si deseas sigue paseando el perro. La cena estará a las 7.-Ella asintió con obediencia y le dió la espalda.
-Es bonita, pero, ¿viste ese vestido horroroso?, mí abuela tiene mejor gusto que ella. -Escucho el comentario banal, sabía que su vestido era anticuado y feo, más no le importó. Menos la burla de esa dama aparentemente fina y de alcurnia.
Le dolía saber que el no podía ser suyo porque ya le pertenecía a otra.