Vestía un traje sastre de color azul medianoche, con líneas tan afiladas que parecían capaces de cortar el aire. Su cabello, antes recogido en moños descuidados, caía ahora en una melena lisa y pulcra que enmarcaba un rostro donde el maquillaje era una pintura de guerra.
Al llegar al piso cuarenta y dos, la planta ejecutiva, el silencio era casi absoluto, interrumpido solo por el tecleo rítmico de los asistentes. Julian la esperaba en la puerta de la sala de juntas. No llevaba chaqueta, solo una camisa blanca con las mangas arremangadas, pero su presencia seguía siendo devastadora.
-Llegas un minuto antes -dijo él, consultando su reloj de platino-. Me gusta la puntualidad, pero me gusta más la mirada que traes. Parece que has dormido con una espada bajo la almohada.
-Dormí con la convicción de que hoy es el fin de la era de mi padre, Julian -respondió ella, entregándole su maletín de cuero-. ¿Están listos?
-Están aterrorizados, que es mejor que estar listos. Creen que eres una "esposa trofeo" que viene a decorar la oficina. Enséñales lo equivocados que están.
Julian abrió las puertas dobles y el murmullo de doce hombres y tres mujeres, todos directores de alto nivel, se extinguió de golpe. Iris caminó hacia la cabecera de la mesa, al lado del asiento de Julian. Sintió las miradas de escepticismo, los ojos que escaneaban su juventud y su apellido buscando debilidad.
-Señores -comenzó Julian, su voz llenando cada rincón de la sala-, les presento a Iris Blackwood, Directora de Enlace para la fusión con el Grupo Thorne. A partir de este momento, cualquier movimiento de activos, auditoría o decisión estratégica que involucre a los Thorne debe llevar su firma. Si ella no lo aprueba, yo no lo veo.
Un hombre mayor, de rostro rubicundo y manos regordetas, se aclaró la garganta. Era Marcus Vane, el director financiero de confianza de Julian, conocido por su desprecio a los "nepotismos".
-Con todo respeto, Sr. Blackwood... -Vane miró a Iris con una sonrisa condescendiente-. La Sra. Blackwood es una Thorne de nacimiento. ¿No es un conflicto de intereses ponerla a auditar a su propia familia? Además, ¿qué experiencia tiene en gestión de holdings de esta magnitud?
Iris no esperó a que Julian la defendiera. Abrió su maletín y sacó una serie de carpetas numeradas, deslizándolas por la mesa con una precisión quirúrgica hasta que una cayó frente a Vane.
-En esa carpeta, Sr. Vane, encontrará el análisis de flujo de caja de la división textil de los Thorne del último trimestre -dijo Iris, su voz firme y gélida-. Si revisa la página siete, notará una discrepancia de cuatro millones de dólares camuflada como "gastos de logística internacional". Esos fondos no fueron a logística; fueron a una cuenta offshore en las Islas Caimán a nombre de una empresa fantasma llamada 'Aura Holdings'.
Vane parpadeó, ajustándose las gafas mientras ojeaba el documento. El resto de la mesa se inclinó hacia adelante, la curiosidad reemplazando al escepticismo.
-Yo redacté ese informe original para mi padre -continuó Iris, recorriendo la mesa con la mirada-. Y también redacté la versión falsa que él les entregó a ustedes durante la due diligence. Conozco cada truco, cada deuda oculta y cada mentira que los Thorne han construido para sobrevivir. Si quieren a alguien que sepa dónde están enterrados los cuerpos, esa soy yo. Porque yo fui quien cavó las tumbas por orden de mi padre.
Julian se reclinó en su silla, observándola con una fascinación evidente. No intervino. Dejó que ella se ganara el respeto de la sala con sangre y datos.
-Mi objetivo no es proteger a mi familia -sentenció Iris-. Mi objetivo es asegurar que Blackwood Industries absorba los activos rentables y deseche la basura. Y la mayor basura en este momento es la gestión de Arthur Thorne.
La reunión duró tres horas. Iris desmanteló, punto por punto, la estructura de costos de su padre. Al finalizar, incluso Marcus Vane la miraba con un respeto rayano en el temor. Cuando la sala se vació, Julian se acercó a ella.
-Eso fue... brillante -admitió él, apoyándose en la mesa-. Has dejado a Vane sin palabras. Eso no pasaba desde 2018.
-Aún no he terminado, Julian -Iris se sentó, sintiendo que la adrenalina empezaba a bajar-. He encontrado algo más. Algo que no está en las carpetas que les di.
Julian se puso serio de inmediato. -¿Qué es?
-'Aura Holdings'. No es solo una cuenta para evadir impuestos. He rastreado las transferencias. Mi padre ha estado pagando sumas mensuales exorbitantes a una clínica privada en Suiza desde hace diez años. No es para él, ni para mi madre.
-¿Un chantaje? -sugirió Julian.
-Peor. Creo que es un secreto que podría invalidar la fusión si sale a la luz de la manera incorrecta. Mi padre no está protegiendo dinero, está protegiendo una identidad.
Julian se acercó a ella, rompiendo la barrera de la distancia profesional. Puso una mano sobre la de Iris, y esta vez el contacto fue eléctrico, una alianza que iba más allá de los papeles.
-Busca esa identidad, Iris. Si tenemos ese secreto, tu padre no solo perderá la empresa; perderá su libertad. Y tú tendrás el control total de los Thorne sin tener que disparar una sola bala.
En ese momento, el teléfono personal de Iris vibró sobre la mesa. Era un mensaje de un número desconocido.
"Vi lo que hiciste en la boda. Crees que has ganado porque tienes el anillo, pero no conoces el sótano de esta familia. Si quieres saber quién es realmente el 'Reemplazo Perfecto', ven al antiguo almacén de la calle 12 a las diez de la noche. Ven sola."
Iris le mostró el mensaje a Julian. Su rostro se ensombreció.
-Es una trampa -dijo él de inmediato-. Tu padre está desesperado. O Bianca está intentando jugar a ser espía.
-O es alguien que sabe lo que hay en Suiza -replicó Iris, levantándose-. Julian, no puedo ignorar esto. Si hay algo en mi pasado que pueda ser usado para destruirnos, necesito saberlo antes que ellos.
-No irás sola -sentenció Julian, su voz volviéndose posesiva-. Enviaré a mi equipo de seguridad y yo estaré en el coche a una manzana de distancia.
-No -Iris le puso una mano en el pecho, sintiendo el latido fuerte y constante de su corazón-. El mensaje dice sola. Si ven a tus hombres, no aparecerán. Esta es mi guerra, Julian. Me diste las herramientas, ahora déjame usarlas.
Julian la miró a los ojos durante un largo rato. Vio en ella la misma chispa de ambición e implacabilidad que veía en su propio reflejo cada mañana. Lentamente, asintió.
-Ve. Pero si a las diez y diez no he recibido una señal tuya, entraré en ese almacén y reduciré a cenizas a quien esté dentro. ¿Entendido?
-Entendido, Sr. Blackwood.
Esa noche, bajo una lluvia fina que convertía las calles en espejos oscuros, Iris Thorne llegó al almacén abandonado. El lugar olía a salitre y metal oxidado. Al entrar, la única luz provenía de una pequeña oficina en el entresuelo.
Subió las escaleras de hierro, cada paso resonando en el vacío del almacén. Al abrir la puerta de la oficina, no encontró a su padre, ni a Bianca.
Encontró a una mujer mayor, sentada en una silla de oficina desvencijada, con un fajo de fotografías viejas en las manos. La mujer levantó la vista, y a Iris se le detuvo el corazón.
Eran los mismos ojos. La misma forma de la mandíbula. Era como mirarse en un espejo que hubiera envejecido treinta años en un sótano oscuro.
-Al fin vienes, Iris -dijo la mujer con una voz rasposa-. Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en darte cuenta de que los Thorne no solo ocultan dinero. Ocultan pecados.
-¿Quién eres? -susurró Iris, sintiendo que el mundo que creía haber conquistado esa mañana se desmoronaba bajo sus pies.
La mujer dejó una fotografía sobre la mesa. Era una imagen de Eleanor Thorne, joven, pero a su lado no estaba Arthur. Estaba esta mujer, ambas sosteniendo a dos bebés idénticas.
-Soy la razón por la que eres la "invisible", Iris. Soy la madre biológica que Arthur Thorne compró para que Eleanor pudiera fingir que tenía gemelas perfectas. Pero solo una de ustedes nació con la salud para ser la heredera. La otra... la otra fue el reemplazo que nunca debió existir.