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El hechizo de mi esposa engañosa
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El hechizo de mi esposa engañosa

Autor: Cathlene Mcelwee
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Capítulo 1 ¿Aún recuerdas que soy tu esposo

En Camont, la superficie de la piscina de las Termas de la Gloria estaba cubierta de pétalos de rosa que acariciaban con suavidad la piel de Lena. Su silueta era elegante, y cada curva de su cuerpo irradiaba un encanto único y cautivador.

Una leve niebla velaba su rostro, proyectando un brillo etéreo sobre sus rasgos, una mezcla de fragilidad y fuerza serena.

Era una hija ilegítima, criada por su madre junto a su hermano menor, y ambos se apoyaban mutuamente para sobrellevar las penurias de la vida.

Una semana antes, su familia paterna la había convocado inesperadamente con una exigencia sorprendente: debía ocupar el lugar de la otra hija, Alana Evans, y cumplir con un compromiso matrimonial con Dylan Harvey, el director ejecutivo del Grupo Harvey.

La unión entre Dylan y Alana siempre había sido un calculado acuerdo de negocios. Sin sentir ningún apego por su esposa, él abandonó el país inmediatamente después de la boda y permaneció en el extranjero durante tres años.

Ahora, bajo la creciente presión de su familia, había regresado con la orden de consolidar la unión y consumar el matrimonio.

Los Evans le ofrecieron a Lena un trato cruel: si sustituía a Alana esa noche y se acostaba con Dylan, liberarían a su madre y a su hermano, e incluso costearían el tratamiento para la enfermedad crónica del joven.

Lena conocía el inmenso poder de la familia Evans. Podían destruirla a ella y a sus seres queridos con facilidad.

Su asombroso parecido con Alana era la única razón por la que la habían considerado para esta farsa.

Aunque sus rostros y voces se parecían, sus cuerpos mostraban sutiles diferencias.

A pesar de que Dylan nunca había tenido intimidad física con Alana, la familia esperaba evitar ser descubierta, por lo que había organizado el encuentro en las apartadas termas.

"El señor Harvey llegará pronto. Ya sabes lo que esperamos de ti: ten cuidado con lo que dices y cumple con tu parte", espetó una mujer mayor a espaldas de Lena, en un tono brusco. Algunos miembros del personal habían sido sobornados para asegurar que pocos supieran del engaño.

Lena asintió en silencio. "Entendido", respondió.

Durante la última semana, había estudiado cada detalle sobre Dylan hasta que su imagen se le quedó grabada en la mente.

Al borde de la piscina, Alana estaba en cuclillas, mirándola con furia. A pesar de su parecido físico, sus personalidades eran diametralmente opuestas.

Con los dientes apretados, Alana siseó: "No olvides cuál es tu lugar. Aunque acabes en la cama de mi marido, solo eres una sustituta, una bastarda".

Ese hombre era su marido, el hombre al que había esperado tres largos años para volver a ver.

Esa noche debería haber sido solo suya. Pero la familia de él había exigido que la novia fuera virgen, lo que la dejó sin más opción que involucrar a Lena.

Lena bajó la cabeza, conteniendo las lágrimas. "Quiero que liberes a mi madre y a mi hermano mañana por la mañana".

"Lo haré. No significan nada para mí", replicó Alana con un gesto de desdén. "Solo asegúrate de cumplir con tu parte". Luego, le hizo una seña a la mujer mayor y le ordenó con firmeza: "Vigílala de cerca".

En ese momento, la mujer susurró con apremio: "El señor Harvey ha llegado".

Al oír eso, Alana se escondió rápidamente en un rincón oscuro.

Lena se recompuso y respiró hondo. Momentos después, un sirviente condujo a la habitación a un hombre alto, vestido con un holgado albornoz. Sus pasos eran algo inseguros a causa del alcohol.

"Señor Harvey, usted y su esposa pueden relajarse en la piscina. Los dejaremos para que disfruten".

Dicho eso, el sirviente se retiró a toda prisa.

La mirada de Dylan recorrió la figura de la mujer en la piscina. Su presencia resultaba seductora: delicada, serena e inexplicablemente fascinante.

Llevaba un sugerente traje de baño, cuyos tirantes parecían a punto de ceder con un simple tirón.

Extrañamente, ese mismo día había sentido un vago desagrado por Alana. Sin embargo, esta versión de su esposa parecía diferente, más delicada y cálida. Irresistiblemente intrigante.

Cuando él dio un paso atrás, Lena se aferró al albornoz de él, con la desesperación pintada en la mirada.

No podía permitir que se fuera: el destino de sus seres queridos dependía de ella.

Él malinterpretó su desesperación como miedo a ser abandonada de nuevo.

La voz de ella tembló cuando susurró: "¿No me deseas, cariño?".

Aquella frágil súplica le erizó la piel de la espalda.

Al instante siguiente, Lena salió del agua y se aferró al cuerpo de él, mientras sus dedos temblorosos le rozaban la pierna.

Vencido por el deseo, Dylan apartó la mano de ella y se metió en la piscina.

Al fin y al cabo, ya eran marido y mujer, y era hora de consumar la unión.

"¿Así que aún recuerdas que soy tu esposo?", murmuró el hombre con voz ronca.

"Sí, yo...".

La respuesta de la joven se vio interrumpida cuando él le sujetó la barbilla y la atrajo hacia sí para darle un beso profundo y ferviente.

Lena se tensó ante aquella intimidad desconocida, pero las manos de él no le dejaron espacio para retroceder.

En los labios del hombre se percibía el leve aroma a alcohol.

No se atrevía a cerrar los ojos; en su lugar, observaba el temblor de las largas pestañas de él, que conferían a sus marcados rasgos un aura asombrosamente sensual.

Era exactamente el hombre descrito en el expediente que había estudiado: sus ojos profundos eran indescifrables y su mandíbula definida parecía tallada a la perfección.

Los tirantes de su traje de baño se deslizaron al contacto con los dedos de él, mientras sus besos le recorrían la piel, dejando un rastro de fuego.

La luz tenue y el vapor de la piscina envolvían el momento en una atmósfera de encanto.

Mientras las ondas se extendían sobre el agua, Lena se entregó, rodeando el cuello del hombre con sus brazos. En la calidez de la piscina, la noche transcurrió en un torbellino de pasión y fragilidad.

                         
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