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El fuego despues del silencio
img img El fuego despues del silencio img Capítulo 3 El regreso
3 Capítulo
Capítulo 6 Tomás, la adicción img
Capítulo 7 Lara - El vértigo - img
Capítulo 8 Julián- La sospecha- img
Capítulo 9 Tomás- El miedo- img
Capítulo 10 Lara : -Tironeada- img
Capítulo 11 Julián- Lo que casi se dice - img
Capítulo 12 Tomás- La exigencia - img
Capítulo 13 Lara : - La Grieta- img
Capítulo 14 Julián: - Lo que no se dice - img
Capítulo 15 Lara : - Sin liviandad- img
Capítulo 16 La decisión img
Capítulo 17 Lara y Julián: La conversación final img
Capítulo 18 El Cruce img
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Capítulo 3 El regreso

El camino de vuelta se me hizo eterno.

El colectivo avanzaba lento, como si supiera que yo no quería llegar. Miraba por la ventanilla sin ver nada. Tenía todavía su olor pegado a la piel, su calor en los muslos, su respiración mezclada con la mía en el pecho. El cuerpo seguía despierto, pero el alma empezaba a pasarme factura.

No pensaba.

No analizaba.

Solo sentía.

Cuando bajé, la calle estaba casi vacía. Caminé despacio hasta mi casa, como si cada paso me alejara de algo que todavía no quería soltar. Abrí la puerta con cuidado, temiendo un ruido que no esperaba.

La casa estaba en silencio.

Julián dormía.

Entré al baño sin prender la luz. Me quité la ropa despacio, como si aún no estuviera sola. El agua de la ducha cayó sobre mi cuerpo con una fuerza que quise interpretar como limpieza, pero no era eso lo que buscaba.

Cerré los ojos.

Y él seguía ahí.

Su boca.

Sus manos.

La forma en que me había mirado cuando apoyó su frente contra la mía.

Me froté la piel como si pudiera borrar un recuerdo con jabón. No pude. El deseo no se va con agua caliente. Se queda en los lugares donde una vuelve a arder.

Cuando salí del baño, me sentía cansada como después de una batalla. Julián seguía dormido. De espaldas a mí. Su respiración era tranquila, ajena a la tormenta que yo acababa de atravesar.

Me acosté a su lado sin tocarlo.

Esa noche no lloré.

Tampoco dormí enseguida.

Me quedé mirando el techo largo rato, con el corazón lento y pesado. No había culpa todavía. Había una sensación más desconcertante: una especie de deslizamiento, como si yo ya no estuviera del todo en mi propia vida.

Y fue recién cerca del amanecer cuando el sueño me alcanzó.

El sueño

No era un recuerdo.

No era una fantasía.

Era él.

Estaba de pie del otro lado de una habitación que no reconocía. La luz era tibia, irreal. No hablábamos. No hacía falta. Cuando se acercó, su mano no fue un pedido: fue una certeza.

Me tocó como si supiera exactamente dónde estaba cada temblor de mi cuerpo. Me desnudó sin desvestirme. Me poseyó sin apuro, sin culpa, sin tiempo. No había urgencia en el sueño, solo una continuidad perfecta de lo vivido.

No era un encuentro nuevo.

Era una prolongación.

Me dejé hacer sin resistencia. Como si el alma hubiera entendido antes que la razón que aquello todavía no había terminado.

Desperté agitada.

La habitación estaba en sombra. Julián ya no estaba. El lado de la cama vacío. El mundo seguía en su lugar.

Tardé unos segundos en entender dónde estaba. El corazón me latía rápido. Tenía la piel caliente. El cuerpo inquieto.

Tomé el celular sin saber por qué.

El mensaje estaba ahí. Reciente.

Tomás:

-Soñé con vos.

Sentí un estremecimiento recorrerme entera.

Le respondí después de unos segundos:

-Yo también.

Hubo una breve pausa.

-Entonces no fue solo un sueño.

Y en ese instante algo quedó sellado entre nosotros sin que ninguno de los dos pudiera explicarlo:

Nos habíamos encontrado en la realidad...

Y ahora también en el único lugar donde ya no existían paredes, ni culpas, ni horarios.

El deseo había aprendido a cruzar solo.

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