Ethan no era prácticamente una buena persona. Siempre se mostró al margen de muchas cosas, y nunca me inspiró una confianza certera, sobretodo porque sus mejores amigos eran los patanes de la clase; Nicholas y Sebastian.
El titular del noticiero dice en grande ''habla sobreviviente del masacre'', subo volumen y comienzo a escuchar brevemente.
-¿No te molesta contarnos cómo fue el tiroteo? -preguntó el reportero. Ethan, niega con la cabeza como si recordarlo no le generase ningún trauma.
-Intento recordar lo mejor que puedo pero en ocasiones mi memoria me falla. Tocaba la clase de la profesora Mariana, que en paz descanse, y entonces él entra y comienza a disparar a todos, recarga el arma y sigue disparando. Como si no tuviese control y también como si supiera a quien disparar.
Me pregunto si esto es verdad, es decir, efectivamente sé que Elijah recargó el arma porque yo también lo escuché, pero no había lógica alguna en que fuese con algún objetivo en mente, porque entonces no me hubiese apuntado, entonces quizás Nicholas y Sebastian hubiesen sido los primeros en ser disparados. Pensar en ello no puede hacerme evitar recordarlo.
Disparó primero a Zoe y a Lissa, eso dijeron los policías. No pude recordar con exactitud quiénes fueron los siguientes, pero sí puedo saber quienes fueron los últimos, y fueron Mattew, Ezekiel y Jhay, en ese orden. Y por supuesto, la última; yo. Pero eso solo fue en el salón, antes se habían escuchado tiros y cuando salí pude divisar que era la rectora a quien había disparado primero, y con quien se ensañó, porque le había dado cuatro tiros.
- ¿Te llevabas con él? -insistía el notero, pero Ethan no parecía estar incómodo o dolido, incluso parecía gustoso de responder sobre el tema.
-Claro que no. Siempre había pensado que era un psicópata. Todo su grupo eran unos anormales.
-Pero también mató a sus propios amigos -interrumpió nuevamente el notero.
-Sí, pero de todos modos su objetivo era matarlos a los demás, seguramente fue algo planeado entre su mismo grupo.
Apago rápidamente el televisor y me dirijo corriendo al baño por una pastilla. De pronto siento agitaciones y estoy temblando de impotencia. Nuevamente la culpa recae en nosotros. Siempre. Ahora no me extraña el porqué de que el interrogatorio sea tan hosco conmigo.
Recuerdo que la última charla que tuve con Mattew, la semana anterior a aquél martes, fue justamente sobre Ethan. Nos encontrábamos con Mattew en su casa, habíamos comenzado a andar en secreto hacía unos meses hasta que luego todo mundo se enteró al vernos juntos y más unidos que de costumbre.
Era sabido que entre Mattew y yo pasaba algo. Y un día, nos dimos un beso por accidente, pero por algún motivo, los dos seguimos besándonos. Tan simple como eso. El resto, fue seguir siendo lo que éramos y creo que eso fue parte de lo que conmovió al grupo, para mal.
-¿Por qué te llevas con personas que nos odian? -le dije entonces.
-¿Lo dices por Nicholas y Sebastian? -inquirió.
Asentí con la cabeza y agregué;
-Y Ethan. No son personas de confianza, además, sabes que se la pasan burlándose de nosotros.
-Pero a mí me tratan bien -comentó.
Torcí la boca en un gesto de molestia. A lo que él se retracta;
-Sabes de todos modos que no importa lo que digan, que me gustas de verdad, ¿no?
Asentí con la cabeza y le propiné un beso para cortar la conversación. No estaba conforme con el tema, pero tampoco podía prohibirle que sociabilizara con personas solamente porque las mismas al resto nos marginaban. Además, era bastante obvio, Mattew donde sea caería mejor que el resto de nosotros porque era una persona visiblemente normal, y aunque yo también lo era, en mi clase me odiaban, y yo no podía cambiar eso. A él en cambio no lo odiaban. Tampoco es que él tuviese convicción alguna. Mattew nunca fue de tomar una decisiva frente a las cosas, así como también antes de que andemos, se la pasaba de un bando a otro como si nada. Pero no éramos quien para decirle nada.
Mattew fue fuente de conversación en varias oportunidades entre Ezekiel y yo, pero quien más se molestaba frente a la idea de que Mattew y yo estemos juntos era Elijah.
-Él nunca tomó un bando -solía decir Elijah.
-No hay tal bando-me encontraba explicándole.
-Loraine, respeto tus decisiones, pero él solo está contigo porque eres su amiga y porque además de serlo eres linda, pero no te ve individualmente. Y lo digo como tu amigo, no encontraremos a otra chica como tú, graciosa y divertida, y que además, piense y actúe como nosotros.
En ese entonces pensé que era gracioso lo que me decía, básicamente me estaba diciendo que era la mejor amiga hombre que tuvieron como grupo. Sin embargo, había un trasfondo. Elijah intentaba hacerme ver que Mattew nunca había elegido al grupo como tal, sino que se pasaba de un grupo a otro, y el otro grupo me odiaba. Básicamente Elijah lo veía como una guerra de dos bandos distintos donde yo era la reina de uno, y ellos eran súbditos, y él se coronaba como el más fiel.
Con Ezekiel hablamos alguna vez, pero antes de que Elijah dijese eso, que curiosamente Elijah siempre obedecía a mis órdenes felizmente. Y no niego haber abusado de ello durante todo el tiempo. Sabía que eso era algo tóxico, pero me era conveniente en el momento. Es decir, era una persona que básicamente estaba feliz de ser manipulado. Él estaba ahí cuando yo lloraba, estaba ahí cuando me insultaban, estaba ahí cuando me enojaba, estaba ahí cuando Mattew jamás estuvo. Y en parte, sé que tenía razón. Pero entonces yo jamás hubiese imaginado que Elijah haría algo desquiciado, ni tampoco hubiera imaginado nada que no trascendiese a más que el hecho de declararse, de lo cual finalmente nunca hizo. Pensaba que tenerlo atrás, obedeciéndome, era amistad y lealtad. Pensaba que podía no darle lo mismo que él me daba porque en alguna parte de mi mente justificaba el hecho de tener ese trato, con no gustar de él y que yo no podía ser obligada a gustar de él.
Cuan equivocada estaba. Nadie entonces me había enseñado a valorar a quien te quiere y el valor de la honestidad. Pensaba que yo había nacido para ser amada y deleitada, que era gracioso y conveniente ser manipuladora, que tener esa facilidad para encontrar el punto débil a las personas y darles la cara que quisieran y tener intenciones solapadas era parte de mi personalidad. Pero uno nunca sabe cuál es el límite del otro. No sabemos que podemos despertarle a la gente, ni que daño le podemos causar. Efectivamente, hay personas con las que quieres todo, y otras con las que no quieres nada. Pero lo ideal era ser honesta con quien no quería nada. Y no lo fui. Accedí a que alguien acrecentara una obsesión, la alimenté, la esclavicé. La usé a mi conveniencia.
Hasta que un día el usado se hartó y se cansó de no ser nada. O quizás pensó que de esa manera iba a estar en un eximio en mi cabeza por eliminar en vida a todos aquellos que me molestaban, y que el sacrificio era una muestra de lealtad y de romance.
La lealtad y el romance no son, ni deben significar ningún sacrificio.