"No olvides jamás que solo eres, y siempre serás, la sustituta de Hanna", aclaró Bellamy.
Mientras hablaba, clavó la mirada en el rostro de Kallie, esperando ver un cambio en su expresión.
Pero, para su sorpresa, Kallie esbozó una sonrisa. "Qué coincidencia".
La indiferencia en su tono irritó a Bellamy como el chirrido de uñas sobre una pizarra.
Bellamy entrecerró los ojos y la fulminó con una mirada peligrosa, preguntándose qué estaría tramando esa chiquilla.
Kallie le devolvió una sonrisa burlona. "Yo tampoco te amo".
Esta vez, el semblante de Bellamy cambió drásticamente.
"Sabes que soy la hija ilegítima de la familia Reynolds. Siempre intentaron ocultarme, como si se avergonzaran de mí, por lo que mi corazón solo alberga resentimiento. Siempre he querido arrebatarle todo a Hanna...". Al decir esto, Kallie parecía pensar en algo que la emocionaba.
Tras una breve pausa, añadió con teatralidad: "Quizás solo disfruto de su sufrimiento. O quizás, simplemente, me encanta despojarla de lo que se supone que es suyo. Cuando ella sufre y tú sientes lástima por ella, yo soy feliz. Porque la odio. De verdad que la odio".
Luego lo miró directamente a los ojos y sentenció: "¡Y a ti también te odio, Bellamy!".
Sabía que Bellamy la castigaría con severidad por sus palabras, pero, acorralada, no le quedaba más opción que contraatacar.
Siempre había sobrellevado sus problemas en soledad; nadie conocía la magnitud de su sufrimiento.
Y si su destino era el infierno, estaba decidida a arrastrar a Bellamy con ella.
Por fin, le daría a probar una cucharada de su propia medicina.
Aunque Bellamy la miraba con un odio asesino, Kallie no se inmutó.
Bellamy podía hacer lo que quisiera para herirla; a ella ya no le importaba en absoluto.
"Kallie...", pronunció Bellamy en un tono amenazante, con los puños apretados.
Sin embargo, Kallie no dejó de provocarlo. "Ahora estoy embarazada de tu hijo. No quieres que Hanna pase por el dolor de un parto, pero olvidaste algo: este niño es una bofetada en su cara. ¡La prueba irrefutable de tu infidelidad!".
Tras decir esto, Kallie soltó una carcajada helada.
Kallie, que usualmente se veía pura e inocente, ahora parecía un puercoespín con las púas erizadas.
Parecía lista para atacar a cualquiera que se cruzara en su camino.
Bellamy sonrió con desdén.
Nadie en Violetmage se atrevía a hablarle de esa manera.
Kallie, sin embargo, era la excepción.
"Kallie", repitió Bellamy en tono de advertencia.
"¿Sí?", respondió Kallie con una calma imperturbable.
"Te reto a que lo repitas", dijo Bellamy entre dientes.
La amenaza en su voz era evidente. Bellamy no tenía la menor intención de volver a escuchar sus hirientes palabras. Solo quería darle la oportunidad de retractarse.
Pero Kallie no cedió. Abrió la boca y repitió cada palabra, con una voz clara y firme.
Bellamy nunca había lidiado con alguien tan desafiante.
Un instante después, la agarró por el cuello.
"Cállate de una maldita vez", siseó él.
Kallie no dijo nada más, pero solo porque Bellamy la estaba estrangulando.
Su rostro enrojeció al instante por la falta de aire.
Sus pulmones clamaban por oxígeno mientras ella arañaba con desesperación los brazos de él.
Mientras su visión se llenaba de puntos brillantes, creyó sinceramente que Bellamy iba a matarla.
Pero al ver la furia en los ojos de él, sintió una extraña satisfacción.
Bellamy entrecerró los ojos al ver su sonrisa y gruñó: "Kallie, ¿de verdad crees que no soy capaz de matarte aquí mismo por lo que dijiste?".
"No... no, sé que eres capaz", articuló Kallie con dificultad. Luego añadió: "Mátame, y tu hijo morirá conmigo".
Apenas dijo eso, Bellamy retiró las manos bruscamente.
Kallie se desplomó en el suelo, boqueando en busca de aire y tosiendo con violencia.
Tardó un buen rato en recuperarse.
"¡Lárgate!", rugió Bellamy.
"Me iré en cuanto anules la orden de alta de mi madre", replicó Kallie con firmeza.
Lanzándole una mirada fulminante, Bellamy sacó su teléfono y, frente a ella, llamó al sanatorio.
Dio instrucciones para que Irene se quedara y para que la operación se realizara la semana siguiente, tal como estaba programado.
Al escuchar esas palabras, Kallie exhaló un suspiro de alivio.
Había ganado la batalla.
Pero ¿qué pasaría la próxima vez?
Nunca se había sentido tan agotada. La opresiva presencia de Bellamy la estaba consumiendo.
Pero sabía muy bien que esto era solo el comienzo de sus dificultades y que tendría que mantenerse fuerte.
Por el bien de su madre, al menos, no podía rendirse.
"Gracias, señor Marshall", dijo Kallie con sinceridad en cuanto él colgó el teléfono. Cualquier rastro de la arrogancia que había mostrado momentos antes se había desvanecido.
Sabía cuándo luchar y cuándo bajar la cabeza.
Pero a pesar de su expresión suavizada, aún quedaba un vestigio de indiferencia en su actitud. Era evidente que sus sentimientos por Bellamy se habían desvanecido hacía mucho tiempo.
Para Kallie, todo esto no era más que un trato.
Al verla así, el semblante de Bellamy se ensombreció aún más.
Una extraña sensación se instaló en el pecho de Bellamy.
No sabía qué estaba ocurriendo, ni entendía por qué la mujer frente a él se había transformado en una persona completamente diferente.
Desde que la conoció, Kallie siempre había sido tímida y coqueta con él.
Pero siempre había visto el amor en sus ojos cada vez que lo miraba.
Bellamy no sabía en qué momento exacto había empezado a fijarse en ella.
Pero por Hanna, había ocultado sus sentimientos.
Hasta que Hanna perdió la paciencia con él y decidió marcharse al extranjero, dejándolo solo en Violetmage.
Fue Kallie quien permaneció a su lado durante aquellos días.
Siempre dulce, siempre atenta.
Era evidente que lo amaba de verdad.
Más tarde, tras una gran pelea con Hanna, se casó con Kallie con el único propósito de fastidiarla.
Pero a diferencia de él, en sus tres años de matrimonio, Kallie se había entregado por completo.
No podía ocultar su amor y siempre lo llamaba "cariño" con una voz suave, como un conejito asustadizo.
En la intimidad, aunque él a veces fuera brusco, ella siempre le seguía el juego. Era su dócil muchacha. Solo vivía para complacerlo.
¿Cómo era posible que aquella Kallie, antes un conejito tan tímido y amoroso, lo hubiera superado tan rápido?
Era como si jamás lo hubiese amado.
"Si no hay nada más, iré a visitar a mi madre al sanatorio". Kallie ignoró la perplejidad en el rostro de Bellamy.
Sin esperar respuesta, pasó a su lado con calma.
Pero antes de que llegara a la puerta, él la sujetó por la muñeca y tiró de ella, haciéndola retroceder.
"¡Bellamy Marshall, suéltame!", ordenó Kallie con el ceño fruncido.
"¿Cómo acabas de llamarme?", preguntó Bellamy con una voz peligrosamente baja.
La pregunta la dejó atónita por un momento.
Sus labios rojos se entreabrieron, pero no emitió palabra alguna.
Bellamy la fulminó con la mirada y gruñó: "Kallie, sigues siendo mi esposa. Será mejor que no me llames por mi nombre completo.
No me gusta".
Aunque Kallie era de lengua afilada, esta vez cedió y dijo con un tono neutro: "Cariño, me duele".
Su voz era mecánica, desprovista de toda emoción.
Bellamy odió la frialdad en su voz.
"Kallie, si no estás en la villa esta noche... ya conoces las consecuencias". La voz de Bellamy era gélida.
Para sorpresa de él, ella se negó. "No puedo quedarme en la villa esta noche". Frunció el ceño y añadió: "De hecho, no podré en toda la semana".
"Tú...". El rostro de Bellamy se contrajo por la ira y su pecho se agitaba con violencia.
"La operación de mi madre es el próximo lunes. Tengo que quedarme con ella en el sanatorio. No quiero que le pase nada en los días previos", explicó Kallie.
Mirando a Bellamy, añadió en voz baja: "Si algo le pasa a mi madre, lo nuestro se acaba".
Su tono era plano, indiferente pero amenazante.
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