Punto de vista de Eliana:
No necesitaba ver más. Tenía la prueba irrefutable, el motivo y el arma.
Conduje directamente al único lugar donde Iván no me buscaría: un pequeño y desordenado despacho de abogados sobre una panadería en el distrito beta.
-¿Estás segura de esto, Eli?
Debi, mi abogada y mejor amiga, miró los documentos esparcidos sobre la mesa de café. Sus ojos de bruja estaban abiertos de par en par por la conmoción.
-Mira el borrador de la patente, Deb -dije, señalando la cláusula que había encontrado en la caja fuerte-. No solo quieren la tierra. Quieren mi mente. Mi investigación.
Debi escaneó la página, su expresión se oscureció.
-Están planeando atraparte por completo. Una vez que firmes el certificado de matrimonio, te conviertes en propiedad. ¿Tus padres aprobaron esto?
-Mis padres lo redactaron -dije, mi voz muerta.
Debi golpeó la mesa con la mano. Chispas de magia púrpura brotaron de sus dedos.
-¡Eso es ilegal! ¡Es una violación de los Acuerdos! Podemos maldecirlos. Puedo hacer que los huevos de Iván se encojan y se le caigan.
-Tentador -dije secamente-. Pero no. Quiero herirlos donde realmente importa. Su estatus. Su dinero. Su orgullo.
Empujé el papel hacia ella.
-¿Está listo?
-"Acta de Renuncia a la Manada" -leyó Debi el título-. Una vez que firmes esto y lo presentes ante el Consejo, serás esencialmente una Errante. Pierdes la protección de la Manada. Cualquiera puede atacarte.
-He sido atacada por mi propia Manada durante veinticuatro años -dije, tomando la pluma-. Me arriesgaré con la naturaleza.
Firmé mi nombre. Eliana Montemayor. La tinta se veía negra y definitiva.
-Preséntala en el momento en que el reloj marque las diez de la noche -le instruí-. Es cuando empieza la fiesta.
-¿A dónde irás?
-Al Norte -dije-. Al territorio de la Luna de Sangre. Valoran más a las Sanadoras que al linaje.
Me levanté y la abracé.
-Gracias, Debi.
-Dales un infierno, Alfa -susurró.
-No soy una Alfa -la corregí.
-Lo serás -sonrió misteriosamente.