Nivel Cero Amor Parte 2
img img Nivel Cero Amor Parte 2 img Capítulo 2 La grieta
2
Capítulo 6 Cicatrices invisibles img
Capítulo 7 Una noche posible img
Capítulo 8 La caída de Andrea img
Capítulo 9 Un mal momento img
Capítulo 10 El Juego del Supervisor Hidalgo img
Capítulo 11 Protocolo Cero img
Capítulo 12 Las Grabaciones img
Capítulo 13 La Casa del Silencio img
Capítulo 14 El Primer Informe img
Capítulo 15 Sospechas img
Capítulo 16 La Fractura img
Capítulo 17 La Amenaza img
Capítulo 18 La Negación img
Capítulo 19 El Encierro img
Capítulo 20 Interrogatorio Cruzado img
Capítulo 21 La mirada de Lucía img
Capítulo 22 La Señal img
Capítulo 23 El Auditor img
Capítulo 24 Afuera img
Capítulo 25 Zona Neutral img
Capítulo 26 Lo que vi img
Capítulo 27 La voz que no calla img
Capítulo 28 La purga silenciosa img
Capítulo 29 El ejecutivo y la puerta abierta img
Capítulo 30 La grieta en la cúpula img
Capítulo 31 Punto de No Retorno img
Capítulo 32 La Elección img
Capítulo 33 La señal equivocada img
Capítulo 34 La Infiltración img
Capítulo 35 Cortafuegos img
Capítulo 36 Parte del sistema colapsa. Pánico interno img
Capítulo 37 Un escuadrón va tras Bruno img
Capítulo 38 Algunos se rebelan. NCA empieza a fracturarse img
Capítulo 39 La Variable Controlada img
Capítulo 40 La Fuga img
Capítulo 41 Punto de no retorno img
Capítulo 42 El sistema cae. Al menos en su forma actual img
Capítulo 43 Se ordenan arrestos. Exposiciones públicas. El mundo se entera img
Capítulo 44 Lucía y Bruno desaparecen img
Capítulo 45 Nueva vida. En otro país. Anónimos img
Capítulo 46 Pero ambos están rotos. Nada es fácil img
Capítulo 47 Bruno tiene pesadillas. Lucía empieza a escribir lo vivido img
Capítulo 48 Un nuevo mensaje llega: hay otra célula de NCA activa img
Capítulo 49 Discuten si involucrarse de nuevo img
Capítulo 50 Se miran. Toman la decisión juntos img
Capítulo 51 Lucía cierra un maletín. Bruno la espera en la puerta img
img
  /  1
img

Capítulo 2 La grieta

Filtrar un dato no era difícil.

Lo difícil era lo que ese dato decía sobre ti.

Lo difícil era vivir contigo después.

Lucía lo sabía.

Y, sin embargo, esa noche, frente a la consola polvorienta del Nivel Beta, con los ojos fijos en un cursor parpadeante y las manos más firmes de lo que esperaba, lo hizo.

Enviar.

Una palabra diminuta, pero con consecuencias sísmicas.

Pero detrás de esa palabra no había solo datos:

Había una decisión.

Nota del archivo clasificado – Andrea Mendizábal

Archivo interno NCA – Acceso restringido / Nivel Rojo

Informe de riesgo actualizado: 06.09 / Revisión B.6

Nombre: Andrea Mendizábal

Rango original: Coordinadora de Operaciones Transversales

Estado oficial: Desvinculada. Reubicación externa. (Sin registro confirmado)

Estado real (no oficial): Desertora. Operativa. Alta peligrosidad.

Andrea Mendizábal no aparece en los registros públicos de NCA. Fue eliminada del sistema tres horas después de desaparecer. Su acceso al núcleo estratégico fue desactivado, pero no antes de que extrajera fragmentos de protocolo confidencial, incluyendo claves de auditoría y rutas internas.

Pocos saben cómo logró escapar. Ninguno ha logrado encontrarla.

Desde entonces, el nombre Andrea se convirtió en sinónimo de traición... pero también de algo más peligroso: libertad.

Quienes aún la mencionan -si es que se atreven- hablan de ella como una sombra que susurra desde los márgenes, como un espectro que expone grietas en el sistema.

Algunos creen que murió.

Otros aseguran que lidera una red clandestina dedicada a desmantelar estructuras de control corporativo desde adentro.

Lo cierto es que nadie olvida lo que representa:

Una agente que conocía todas las reglas.

Y decidió romperlas.

Por eso, cuando Lucía Vega recibe una respuesta firmada con una sola letra, no necesita confirmación adicional.

"A."

Andrea ha vuelto.

Y eso significa que la guerra ya no es una posibilidad.

Es un hecho.

Todo empezó semanas atrás, con un nombre que volvió del silencio. Andrea Mendizábal.

Para la mayoría, era una leyenda. Para otros, una amenaza. En los círculos más altos de NCA, Andrea era lo que no se debía nombrar: una exagente que no solo había desertado, sino que había sobrevivido. Seguía activa. Seguía operando. Y, peor aún... no había dejado de ganar.

Lucía la conoció una sola vez, aunque nadie en la Corporación supo qué ocurrió. Fue en Ginebra, durante una conferencia que era apenas una fachada para un encuentro interinstitucional de inteligencia. Las dos fingieron no verse. Pero lo hicieron.

Andrea tenía algo en los ojos. Algo que quemaba.

Una convicción que daba miedo.

Y Lucía, que entonces aún creía en la estructura, en la obediencia, en este código hecho de control disfrazado de orden, se apartó.

No estaba lista.

Ahora sí.

La consola secundaria era todo lo que NCA despreciaba: vieja, lenta, imprecisa. Y por eso mismo, era perfecta. Sin lectores biométricos de nueva generación. Sin sensores infrarrojos de respiración. Sin la pretensión de saber más que el usuario.

Lucía insertó el microdispositivo con un movimiento rápido. No debía parecer calculado. No debía parecer nada.

Tenía exactamente cuatro minutos antes de que el sistema hiciera una micro lectura de flujos de entrada. Sabía cómo saltarse ese chequeo. Lo había aprendido durante años examinando códigos de supervisión y protocolos redundantes.

La primera cápsula era pequeña. Inofensiva, en apariencia, una lista de movimientos administrativos sin relevancia aparente. Pero quién supiera leerla -quien conociera las rutas de extracción de datos cruzados entre niveles internos- entendería lo que había detrás.

Cambio de agentes. Eliminación de nombres. Reasignaciones.

Los primeros indicios de una purga silenciosa.

El preludio del miedo.

Lucía no respiró mientras el archivo se comprimía y se camuflaba como un paquete de actualización de red inactiva. Era como inyectar veneno en una vena muerta, confiando en que alguien del otro lado supiera reanimarla.

Remitente fantasma. Canal eco. Paquete 01.

-Enviar -susurró.

Y el cursor parpadeó.

Una vez. Dos.

Luego, todo quedó en blanco.

No lloró. No sonrió.

Solo se quedó quieta.

Sintiendo cómo algo dentro de ella... se quebraba. O tal vez, se abría.

Durante los siguientes minutos, caminó como si nada. Subió dos niveles. Se detuvo en la cafetería central, pidió un té negro sin azúcar. Se sentó en una mesa que daba al ventanal este, fingiendo revisar un archivo. A su alrededor, todo parecía normal.

Y sin embargo, ella no lo era.

Había cruzado la línea.

No en teoría. No como pensamiento.

Lo había hecho. Con sus dedos. Con su voz. Con su miedo.

Y eso ya no se deshacía.

Esa noche, en su módulo de descanso, la normalidad persistía. Las luces tenues, el zumbido de ventilación artificial, el colchón firme y estéril.

Todo lo conocido. Todo lo asfixiante.

Hasta que una luz titiló.

No en la pantalla. No en el móvil.

En el marco del espejo. Una pulsación suave, casi imperceptible, en un tono rojizo.

Lucía se levantó. Se acercó.

Deslizó los dedos por el borde del marco hasta sentir el pequeño pulso electromagnético escondido.

La respuesta estaba ahí.

Canal activado.

Paquete recibido. Confirmación: Código Salinas-4.

Hora: 22:17.

No repitas el canal. No repitas patrón.

Instrucciones pronto.

Bienvenida a la otra orilla.

-A.

Lucía no supo si reír o llorar.

Había una parte de ella que aún esperaba el silencio.

El vacío.

El castigo es inmediato.

Pero no.

Andrea había respondido.

Y la forma en que lo hizo no dejaba dudas:

Esto era real.

La red estaba despierta.

Y la miraba.

Se dejó caer en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared metálica. La habitación parecía aún más pequeña. El aire más denso.

Se abrazó las rodillas, como no lo hacía desde niña. Como si eso pudiera detener el temblor en su pecho.

Pensó en Bruno.

En su forma de mirar sin hablar.

En las noches sin tacto, pero llenas de código compartido.

Lo amaba. De alguna manera torpe y sin nombre, lo amaba.

Pero ahora, sus caminos se bifurcaban.

Porque Lucía ya no esperaba el momento perfecto para actuar.

No confiaba en planes abstractos ni en futuras revoluciones.

La revolución había comenzado en sus manos.

Y tal vez eso la aleja de Bruno.

Tal vez lo acercara.

No lo sabía.

Lo único claro era esto:

Lucía Vega había filtrado la primera verdad.

Y no lo hizo por valentía.

Ni por rabia.

Lo hizo porque, por primera vez en años, sentía que tenía algo que perder.

Y eso... eso lo cambiaba todo.

            
            

COPYRIGHT(©) 2022