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La Mascota del Alfa con Collar: Rechazada y Renacida
img img La Mascota del Alfa con Collar: Rechazada y Renacida img Capítulo 5
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Capítulo 5

Punto de vista de Dante:

La Sala de Guerra era un caos.

-Cruzó al norte a las 00:15 -informó el Jefe de Seguridad-. El guardia de patrulla en el Sector 4... fue encontrado acobardado. Afirma que ella le dio una Orden.

-¿Una Orden? -se burló Isabella-. Por favor. Esa niña no podría darle una orden ni a una tostadora.

Me volví hacia ella.

La vi claramente por primera vez. Vanidad. Crueldad.

La elegí por política. Pensé que Selene era demasiado frágil para este mundo.

Fui un idiota.

-Fuera -dije.

-¿Disculpa?

-Fuera de mi casa. El compromiso se acabó.

-No puedes hablar en serio. ¿Por una mascota?

-¡Era mi Pareja Destinada!

La confesión se me escapó. La habitación quedó en silencio absoluto.

-Rechacé el lazo para protegerla de ustedes, buitres -gruñí-. Y en lugar de eso, dejé que la torturaran.

Señalé la puerta. -Vete, Isabella. Antes de que olvide que no mato a las hembras.

Huyó.

Me volví hacia el mapa. -¿Dónde?

-Toronto. Jet privado. Rossi Global.

-Rossi -golpeé la mesa con el puño. La madera se astilló-. Marco Rossi.

Mi enemigo.

-La secuestró -razoné. Mi cerebro no podía aceptar que se hubiera ido voluntariamente-. Sabía que era mi debilidad.

-Preparen los jets. Movilicen a la guardia de élite.

-Alfa -intervino mi Beta, Guillermo-. Cruzar al territorio de Rossi con un grupo de guerra es una declaración de guerra.

-Tiene a mi Pareja -dije, con voz muerta-. Si la toca, desataré el apocalipsis.

Metí el collar ensangrentado en mi bolsillo.

La recuperaría. Y esta vez, la encadenaría a mí si fuera necesario.

Punto de vista de Selene:

Despertar se sintió como flotar.

Sábanas suaves. Lavanda.

Abrí los ojos. Techos altos, vigas cálidas.

-Tranquila -dijo una voz.

Guillermo, el Beta de la Luna de Sangre. Estaba mezclando algo en un mortero.

-¿Dónde estoy? -grazné. La garganta en carne viva.

-En mi casa. Toronto. Llevas dos días dormida.

Mojó un paño en una pasta verde. -Necesito cambiar el vendaje. Aloe, consuelda y un poco de magia.

Me estremecí, encogiendo las rodillas. Cubriendo mi cuello.

-No -susurré.

Esperaba ira. Fuerza. Deja de ser débil.

Guillermo se detuvo.

-No te tocaré sin tu permiso, Selene.

-Pero... eres un Beta.

-La autoridad no es fuerza -dijo-. Soy un Sanador. Arreglo lo que está roto, no lo rompo más.

Esperó. Calmo. Paciente.

Me estaba dando el control.

Bajé las manos. Incliné la barbilla.

-Está bien.

Aplicó la pasta. Un alivio fresco.

-La toxicidad de la plata era alta -dijo-. Pero tu loba... es fuerte. La combatió.

-Dante dijo que era débil.

-Dante Moretti es un idiota -dijo Guillermo, su voz se agudizó-. Miró un diamante y vio una roca porque no sabía cómo tallarlo.

Terminó.

-Descansa. Tu padre está haciendo un agujero en el piso de abajo de tanto caminar.

Se giró para irse.

-¿Guillermo?

Se volvió.

-Gracias.

-De nada, Selene.

Me recosté. Por primera vez, un macho de alto rango me tocaba con amabilidad.

No era una prisionera.

Quizás podría ser una Reina.

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