-¡Mentira
es mentira! -grito con todas mis fuerzas. Trato de mantener la
calma, pero, la risa en son de burla de Mijaíl me saca de quicio.
-Déjame ir por favor, te prometo no diré nada...-el mafioso
comienza a reírse a carcajadas.
-Eres
una tonta que no entiende nada... ¿aún no has entendido que eres
mía? ¿eres tan estúpida acaso? nadie puede escapar de Mijail,
¡nadie! tu cuerpo, tu alma, todo de ti me pertenece, Victoria.
En
ese momento, el ruso para el auto para así poder entrar por un
camino boscoso, veo a lo lejos una gran reja que se abre apenas
Mijaíl pronuncia unas palabras en su
idioma natal, eso
me hace dar cuenta que ese malnacido me ha traído a Rusia lejos muy
lejos de mi familia, llevo mis manos a la sudadera, apretándola con
fuerza para controlándome y así no partirle la madre a ese maldito.
Al
entrar a aquel lugar el auto sube una colina donde puedo ver muchos
árboles y un enorme jardín, al fondo hay una mansión estilo
gótico, Mijaíl estacionó y yo permanecía callada, tenía que
idear un plan para poder escapar. Por nada del mundo me quedaría con
ese imbécil.
El
pelinegro se baja y me abre la puerta tomando mi brazo bruscamente,
una mujer de tez blanca con cabello rojizo algo mayor, nos recibe,
ella tiene un semblante serio. Al verme hace una mueca y su mirada se
pasa hacia Mijaíl.
-¿Una
nueva prostituta? -pregunta esa mujer burlonamente.
-No-,
dice Mijaíl seco
-¿Entonces?
-vuelve ella a pregunta insistentemente.
-¡Es
mi mujer! -la señora me mira con cara de asombro.
-Mijaíl...-este
abre los ojos y la mujer calla inmediatamente, no volviendo a
preguntar nada.
Unos
hombres toman las cosas de su jefe que se encontraban dentro del
coche, mi cabeza duele demasiado. La mujer pelirroja me guía hacia
una habitación, cuando entró, ella cierra la puerta de golpe con
llave.
Como
era de esperarse me volvió a encerrar, veo en la cama una bata de
seda con algunos utensilios de aseo personal, entro al baño y
comienzo a despojarme de toda la ropa que llevaba. Me comienzo a
preguntar como hizo para sacarme del país, pero, me regaño a mí
misma recordando que él es Mijaíl y
según no había nadie más poderoso que él.
Después
de asearme y pasar por más de una hora dentro del baño, pude sentir
que la tensión en mi cuerpo disminuyó, comencé a preguntarme como
estará mis padres, Malka, Jhon y mi corazón se arruga al pensar que
no pude estar en el entierro del bastardo de mi profesor.
Salgo
del cuarto y me topo con ese par de ojos verdes que me dan tanto
asco.
-¿Qué?
-preguntó haciéndome la indiferente.
-Te
traje esto-, me señala una bandeja con frutas-Jhon me dijo que
la sandía era
tu favorita-lo miro con cara de horror.
-¿Jhon?
-él asiente. -No entiendo-le digo sin poder comprender a qué
se refiere con esto.
-¿Qué
no entiendes?, ¿Que tu mejor amigo te vendió para saldar una deuda?
-sentí como si miles de agujas atravesaran mi corazón.
-¡Mentira!
-le grito cayendo de rodillas en el piso.
-Jhon
me debía mucho dinero, él era un consumidor activo, mis hombres le
vendían casi seis veces al día, una noche, Jhon no tenía el dinero
suficiente, y como buen samaritano le di un crédito que jamás me
pagó. A veces me hacía trabajos, pero, eso no daba para pagar la
deuda, cuando te vi sentí un clic contigo que jamás lo había
sentido con nadie, así que decidí que serías mía cueste lo que
cueste. Le dije a Jhon que, si te entregaba a mí, saldábamos la
deuda, ¿y adivina? ¡Lo hizo! -Comencé a llorar-¿Quién crees
que me dijo de tu amorío con ese profesor? -abrí los ojos.
-No
me digas que tú...-las palabras no me salen.
-Lo
maté por tocar lo que era mío...-llevo mis manos al borde de su
camisa y comienzo a zarandearlo.
-Yo
no amaba a Roberto... Ese bastardo era tan maldito como tú...-Mijaíl
me toma de los brazos y me atrae hacia él, sus manos están sobre mi
cabeza haciendo fricción con su pecho fornido.
-Solo
habrá una bestia en tu vida...
-Roberto
merecía morir y ahora tú también...-de
repente saco uno de los pasadores que guardé mientras aún seguíamos
en España y se lo clavo en su brazo derecho. El mafioso me suelta al
ver la sangre correr por toda su mano, así que aprovecho para llegar
hasta la puerta principal y maldigo al encontrarla cerrada con
seguro. El pelinegro comienza a sonar el metal de las llaves contra
su muslo izquierdo. Poco a poco comienza a acercarse a mí, sus manos
me atrapan y comienza a arrullarme, Mijaíl no está bien de la
cabeza.
-¿Qué
haces? -le pregunto consternada.
-Solo
te cuido, cariño-me separo de él cuando su sangre me empapó
también.
-¡Estás
loco! -le grito, pero, Mijaíl me toma del cabello y me besa
desesperadamente, toma con una de sus manos un trozo de fruta y lo
lleva a mi boca con brusquedad-¡Debes comer! -argumenta,
haciendo que me trague el restante de sandía.
Siento
la mirada de Mijaíl en mí, sus ojos me miran con sadismo, puedo ver
como se tensa mirando cada uno de mis movimientos. Pasado unos
minutos siento como un fuego recorre mi vientre. Comienzo a sudar.
-¿Qué
me has dado? -cuestiono llevándome la mano al vientre.
-Entonces
si funciona-su mirada se vuelve oscura y comienzo a entrar en
pánico.
-¡¿Qué
has hecho?!
-Te
he dado un afrodisiaco que hará que entres en calor...-sus
palabras me asustan, pero, solo mirar como comienza a quitarse la
camisa delicadamente delante de mí, siento
como un líquido sale de mis bragas.
-Yo...-mi
cara comienza a arder, Mijaíl se abalanza sobre mí como un león en
busca de su presa. Su lengua viaja por mi cuello devorándolo, tira
de la bata que me cubría mi desnudez, llevando una mano a mi pecho,
comienza a masajearlo haciendo que miles de gemidos salgan de mi
boca.
-Adoro
escucharte gemir-, dice llevando su boca al inicio de mis pechos,
la sensación es tan exquisita que no soporto más y comienzo a gemir
sin importar quién me escuche.
-¡Mijail!
-grito
y una sonrisa de triunfo se dibuja en los labios de este.
-Sabía
que algún día gemirías mi nombre-no me aguante y lo besé...
estoy besando a mi secuestrador.