-Dime
Victoria, ¿Porque ese hombre y tú estaban encerrados? -tomo mi
brazo y me zarandeó, su agarre me dolía.
-¿Qué
te sucede, Jhon? -me estaba dando miedo-¡Él solo está
preocupado por mis notas! -mentí al ver que todos los estudiantes
nos estaban viendo.
-¿Tus
notas? -hizo una mueca-¡Tus notas y te besó en su oficina! -mis
ojos se cristalizaron por sus palabras, él nos había visto.
-Yo...-no
sabía qué decir, Malka solo miraba la escena. -No es lo que
piensas, yo necesito ayu...-Mi amigo me soltó se golpe.
-Mijail
te matará si sabe esto-, no entendía sus palabras.
-¿Mijail?
¿Qué tiene que ver ese bastardo en esto?
-Él
te ha reclamado como suya, Victoria, lo siento, pero, esto es mayor
que yo-. Dicho esto, se marchó dejándonos a Malka y a mi solas.
El trayecto a casa fue silencioso no podía creer que mi mejor amigo
de toda la vida esté de parte de ese mal nacido.
Malka
decidió ir a su casa descansar luego de un día tan duro como este;
me recosté en mi cama apenas llegué y sin previo aviso me quedé
dormida.
Mi
teléfono comenzó a sonar de un momento a otro, haciendo que
maldijera a quien fuese que me estuviese llamando, a mitad de mi
hermosa siesta.
-¡Quien
sea, hable ya! -puede escuchar un gruñido del otro lado de la
bocina.
-¿Por
qué no respondías el teléfono? -era Roberto quién me estuvo
llamado, me senté corriendo en el borde de mi cama.
-Yo,
lo siento ¿Cómo estás?
-Te
llamo para confirmar nuestra cita.
-Eh...
si claro-, ¡Mierda, tengo que ir a la policía! nos quedamos
callados por unos segundos.
-Victoria...-susurró.
-¿sí?
-respondí.
-Yo...
creo que me he enamorado de ti, como un jodido niño-siento
elefantes en mi estómago, elefantes que me están asfixiando por lo
perturbador que se siente todo esto.
-Roberto
yo creo que...siento lo mismo que tú...
Necesitaba
mantenerlo distraído.
-¡¿Enserio?!-gritó
eufórico.
-¡Si!
-contestó cerrando los ojos e intentando no ahogarme.
-Bueno
hablemos de esto en persona, pequeña.
-¡Claro!
-Salí de mi cama en busca de mis llaves para dirigirme hacia la
estación de policía.
-Victoria...
-¿Sí?
-Recuerda
que tengo tus fotografías... -Corrí hacia mi ventana y la cerré
cuando una extraña sensación me invadió-, si pretendes
engañarme, toda la escuela se enterará de lo zorra que eres...
La
llamada terminó.
Comencé
a llorar desconsolada, sola, aturdida, sin saber que hacer. Si ese
hijo de puta se enteraba que fui a denunciarlo a la policía, no sólo
me mataría, sino que también dañaría a mi familia. Mi corazón
comenzó a palpitar con demasiada fuerza e insistencia.
Corrí
hacia el primer piso y activé todas las alarmas de la casa; ahora
mismo no podía ir a la policía, ya que lo había pensado mejor. No
tenía pruebas que incriminaran a ese bastardo, así que lo mejor que
podría hacer ahora mismo, era adentrarme en su juego para luego
darle la estocada final.
Me
recosté sobre el sofá que se encontraba a mitad de la sala, mi
cabeza le daba vueltas, así que miré el reloj de pulsera en mi mano
derecha. Ya eran las ocho y treinta de la noche y Roberto no llegaba.
Caminé hacía la cocina, bebí algo de jugo de manzana y cuando me
di cuenta, él jamás llegó.
Al
día siguiente mi padre me dejó en la entrada de la escuela, no
tenía ánimos para nada. Jhon estaba esperándome, y su mirada se
encontraba apagada como si no hubiese dormido mucho, solo me
observaba de soslayo, prestando atención a cada cosa que hacía, al
entrar al plantel pude escuchar sollozos y gritos de los alumnos,
estaba tan confundida. Malka me tomó de la mano para ir a buscar de
donde y porqué venía aquel escándalo.
Al
llegar al pasillo, los gritos venían de la oficina de Roberto, entré
como pude entre la multitud, abriendo paso para que me dejaran
entrar, lo que vi hizo que mi corazón se detuviera por unos
instantes.
Roberto
se había suicidado...
Caí
tirada al piso, entre en pánico, Malka trató de levantarme, pero,
sentí que me hacía falta el aire, no podía con esto, no entendía,
¿Porque me citó si se suicidaría? ¿Por qué?
Salí
corriendo de aquel lugar mis lágrimas salían por sí solas, pero,
mi llano no era de tristeza, me sentía culpable de este alivio que
perforaban mi alma. El hombre que intentó hacerme daño, ahora
estaba muerto.
Mi
teléfono comenzó a vibrar dentro de mi bolso, y aturdida tomó la
llamada.
-¿Hola?
-solo escuchaba una respiración agitada del otro lado de la
bocina-¡Hablen maldita sea! -grité mirando hacia todos lados
-Te
dije que serias solo mía-, tragué seco. Pude sentir a alguien
detrás de mí, y de repente un pañuelo en mis fosas nasales. Perdí
el conocimiento.