-¿Si
te trato bien está mal? -Comenzó a hacer pucheros como niño
pequeño.
-¡Eres
un maldito bipolar! -espeté, Mijaíl se metió a la tina junto a
mí con todo y ropa.
-¡Que
te quitará la virginidad, y eso no es lo mismo! -me quedé en
silencio por un instante.
-A
la primera oportunidad escaparé-respondí con brusquedad y sin
mirarlo.
-¡Eso
jamás pasará! -lo dijo más como una afirmación.
Mi
corazón se quería salir de mi pecho, mi mentón tembló por todo el
miedo que este maldito me producía.
-Aunque
no pueda a la primera, lo seguiré intentando- lo reté.
Mijail
solo sonrió seguro de sus palabras.
-Lo
único que sé es que a la primera que intentes escapar, tu amiga
Malka ira a para a uno de mis prostíbulos, y querida, ella no ira
precisamente a limpiar-, sus labios dibujaron una sonrisa de
triunfo.
-¡Te
odio! -le grité golpeándolo y salpicando todo el lugar con agua
de la tina.
-Lo
siento por ti, pero, no me importa lo que sientas...
No
sé por cuánto tiempo dormí y mucho menos cuando lo hice, puedo
sentir un dolor fuerte en mis caderas y parte de la espalda, al
quitarme la sabana puedo ver que solo estoy en ropa interior y una
camiseta que de seguro es de Mijaíl.
Me
levanté y fui directo al baño para asearme, abrí el closet
encontrándome un vestido blanco y unas zapatillas rojas que el
lunático del ruso dejó para mí. Anoche después de bañarme,
Mijail abandonó la habitación dejándome completamente sola y no sé
por cuánto tiempo más estaré en la misma situación.
Al
tratar de abrir la puerta para salir de la habitación, me doy cuenta
de que esta se encuentra con llave, al parecer el mafioso no es tan
idiota para dejarme sin seguro y menos con lo que le dije anoche.
Trato
de forzar la puerta, pero, no cede-¡Mijail, sácame de aquí! -
grité con todas mis fuerzas, pero, nadie me escuchaba, la cólera se
apoderó de mi pequeño cuerpo haciéndome estallar, tomé una silla
y esta se parte en pedazos sobre la puerta cuando busqué la forma de
quebrarla, pero, sigo en las mismas, la manera no cede.
Mis
manos me duelen por la presión que hago, grito, gimo, peleo, pero,
Mijaíl parece no escucharme o al menos que él no se encuentre en
aquel lugar.
A
mi mente llega la idea de que es el mejor momento para escapar, busco
como loca por toda la habitación algo para poder forzar la cerradura
de la puerta. Las horas viendo C.S.I tendrían que servir para algo,
esculco entre los cajones, pero, no encuentro nada, hasta que me
percato de una caja de pasadores dentro de una bolsa plástica.
Trato
de recordar todas las veces que vi en películas la forma en que
colocaban el pasador para abrir la cerradura, pasan diez minutos y
era frustrante pensar que era mentira lo que veía en la televisión,
así que decidí no rendirme, porque una oportunidad como esta no
tendría dos veces, hasta que lo logré.
-¡SÍ!
-grité de la alegría, tapándome la boca de golpe por si acaso
alguien me había escuchado. Con mis manos temblorosas giro la
perilla de la puerta, me sorprendo al no escuchar nada en aquel
lugar, mi cuerpo comienza a temblar por la adrenalina.
Veo
que estoy en una especie de bodega llena de bolsas plásticas, como
si fuese un depósito reciclable, voy a paso lento para no ser
descubierta.
Mis
ojos se agrandan al ver una habitación, giro la perilla y está
abierta, doy la gloria a cualquier dios que
me esté escuchando en ese momento, me alegro al ver que ese lugar es
un tipo de oficina-¡Bingo!
- digo
mirando un teléfono sobre una mesa, corro desesperadamente hacia
este, lo coloco en mi oído, para luego escuchar la bocina sonar
claramente. Comienzo a marcar el número de mi casa.
-Tres,
nueve, seis, cinco...-repito.
Suena,
uno, dos...
-¡¿Bueno?!-la
voz de mi madre se escucha agitada. Comienzo a llorar.
-¡Mamá!
¡oh mamá soy yo! -mi voz se quiebra.
-Victoria
de por Dios, ¿Dónde estás? -escucho al fondo a mi padre tratando
de quitarle el teléfono.
-Hija,
¿Dónde estás? -esta vez es mi papá.
-¡Papá,
¡no sé...! ¡yo...! ¡no sé! -escucho las maldiciones de mi
padre.
-Victoria,
¿me escuchas?
Pregunta
mamá llorando con fuerza.
-Mamá,
un hombre llamado Mijaíl Volkov me secuestró, él.... Me tiene
retenida en un lugar que desconozco, se ve como una bodega mamá...
¡sáquenme de aquí!
-Gilberto,
la niña-escucho a mi madre llorar.
-Te
sacaremos de allí hija, te lo prometo-dice mi padre entre llanto.
-Papá...yo...-siento
como el teléfono es arrebatado con brusquedad de mis manos. Abro mis
ojos al ver a Mijaíl vuelto furia, trato de correr hacia la salida,
pero, este me lanza un golpe tan fuerte que terminé tirada en el
piso.
-¡Eres
una malagradecida! -Suelta estampando su puño en mi cara, chillé
rápidamente de dolor.
Mijaíl
me toma del cabello y me arrastra hasta la habitación, saca una
maleta y comienza a guardar unos papeles, me extiende una sudadera y
me obliga a colocármela. Miré de reojo en el espejo y veo que tengo
un moretón en mi mejilla izquierda.
-Toma-me
extiende unas gafas, me sujeta del brazo y me saca de aquel lugar.
Puedo ver que estamos como una especie de cloaca y me doy cuenta que
estamos cerca de mi escuela, siempre estuve cerca de mis padres.
-¡Donde
me llevas! -le grito hasta que Mijaíl roza algo en mi fosa nasales
haciendo que pierda el conocimiento.